Miriam Vallejo era una mujer de 25 años que el pasado 16 de enero fue asesinada. La joven fue atacada cuando paseaba a sus perros, y el crimen mostraba un gran ensañamiento y brutalidad. 

Aunque desde el primer momento las investigaciones sobre el caso apuntaban a que el asesino pertenecía al entorno cercano de Miriam, la vinculación de su crimen con la violencia machista se descartó debido a que no aparecían denuncias de violencia de género.

Ayer pasó a prisión provisional el ex novio de la mejor amiga de Miriam al identificarlo como el sospechoso principal del asesinato, aunque el detenido sigue declarando su inocencia. Los tres compartían piso en Villanueva de la Torre (Guadalajara) hasta el día del asesinato.  La policía detuvo al presunto agresor tras varios meses de investigación policial puesto que han averiguado que su ADN coincidía con el encontrado en la escena del crimen. Su coartada, en un principio, se basaba en que estaba jugando a la consola en el momento del crimen, y aparecía conectado librándose de sospecha en un primer momento. El hallazgo del ADN ha sido decisivo para pasarlo a disposición judicial y habrá que esperar a la sentencia del tribunal para saber si ha sido o no autor de este crimen.

Así, lamentablemente, si finalmente  el asesinato de Miriam se confirma que fue perpetrado por el novio de su amiga en aquel momento, se sumaría a la dolorosa lista de crímenes machistas como el de Nagore o en la difusión del vídeo de Laura, que no son reconocidos por la actual ley sobre violencia de género en España, -Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (LO 1/2004)- porque sólo la circunscribe a la pareja o expareja. 

La violencia de género no puede reducirse al tipo de relación que la mujer tuviera con su agresor. Supone un error y una limitación grave ya que esta forma de tratar la violencia contra las mujeres es contraria a las evidencias científicas a nivel internacional y, por ende, tiene graves consecuencias a nivel penal y social. Tampoco puede limitarse a la motivación del agresor, que en los medios se difunde como la gran incógnita del caso de Miriam. 

Así lo recogen numerosas evidencias científicas desde el feminismo internacional, que describen cómo, más allá del tipo de relación, la importancia radica en el tipo de persona con quien se mantiene. Esto se vuelve a hacer relevante en este caso porque, además, las víctimas de los hombres violentos no son sólo las mujeres con quienes mantienen la relación, sea del tipo que sea, sino también sus hijos e hijas, familiares y, en este caso, amigas, en el caso de que se confirme. 

Ya se están produciendo avances en este sentido, como son la ratificación por parte de España en 2014 del Convenio de Estambul (2011) o la presentación a principios de este año del Informe Sombra por la Plataforma Estambul, firmado por 252 organizaciones feministas diversas; se continúa denunciando la gravedad de limitar la violencia de género a las relaciones de pareja o expareja y la desprotección de tantas víctimas. Otro avance muy representativo se ha producido por los logros alcanzados a raíz de la movilización social provocada por el caso de La Manada. 

Cambiar la legislación que tiene que ver con la violencia contra las mujeres es urgente y vital para proteger nuestras vidas y nuestra libertad. Por justicia hacia Miriam Vallejo y por todas las víctimas de violencia machista, es imprescindible continuar la lucha por que las instituciones y las políticas estén basadas en evidencias científicas y puedan garantizar protección y justicia. 

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