A raíz de una llamada de atención ciudadana respaldada por Save the Children, diferentes organizaciones sociales y personas han creado en Ceuta un espacio destinado exclusivamente a mujeres y niñas tal y como se informa en CeutaTV.
La solución es así como trasciende al debate sobre si ¿deben existir espacios reservados para mujeres y niñas o todos deben ser necesariamente mixtos? En este caso, la respuesta se construye a partir de las evidencias científicas disponibles sobre sobre seguridad, vulnerabilidad y desigualdad, y no de planteamientos impuestos a la mayoría de las mujeres sin contar con ellas y en base a decisiones ajenas que ponen en peligro su seguridad.
Y las evidencias son claras, constantemente lo estamos viendo en diferentes lugares. Las mujeres y niñas, especialmente cuando se encuentran desplazadas, sin recursos económicos, sin redes familiares y en situaciones de emergencia, pueden estar expuestas de manera específica y con mayor riesgo a la violencia sexual, explotación, trata, acoso y abuso. En esos contextos, proporcionarles un espacio propio obedece a priorizar su seguridad respondiendo a los altos riesgos específicos y garantizar derechos fundamentales.
Esta perspectiva está presente desde hace años en la acción humanitaria internacional. Los llamados Women and Girls Safe Spaces, se suelen utilizar en contextos de desplazamiento, refugio y emergencias humanitarias. Más allá de poder dormir separadas de los hombres, los espacios cuando están bien organizados, permiten acceder con mayor seguridad a información, atención sanitaria, apoyo psicosocial y servicios relacionados con la violencia de género, además de facilitar que las propias mujeres puedan expresar necesidades que en espacios mixtos quizás no manifestarían en confianza.
En este sentido, esta solución es muy importante para proteger a las niñas y adolescentes. La prioridad, su seguridad, y respeto absoluto de sus derechos. Un alojamiento falsamente denominado igualitario puede dejar de serlo si quienes lo utilizan parten de niveles muy diferentes de vulnerabilidad y riesgo. Esto tampoco significa que cualquier espacio segregado sea automáticamente seguro. Debe contar con condiciones dignas, profesionales adecuados, protocolos de protección basados en las evidencias científicas que garantizan la seguridad y de los recursos suficientes para llevarlo a cabo. Un campamento improvisado y precario no se convierte en una solución satisfactoria simplemente porque separe a mujeres y hombres.
El caso de Ceuta puede servir, por tanto, para recordar una idea más general. Defender la igualdad exige no convertir la totalidad de los espacios en mixtos. Hay circunstancias en las que disponer de espacios exclusivos para mujeres y niñas constituye precisamente una medida de igualdad, porque permite protegerlas frente a riesgos que las afectan de manera desproporcionada.
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