Ayer viernes se celebraba el juicio a un profesor de instituto por haber acosado sexualmente a dos alumnas menores de edad. El profesor se enfrenta a una condena de un año de prisión, año y medio de libertad vigilada e inhabilitación por dos años por haber mandado mensajes repetidos a dos alumnas con la intención de quedar con ellas en privado fuera de clase. La situación fue denunciada por parte de los propios compañeros y compañeras a la dirección del centro ante el malestar que estaba ocasionando la situación de acoso a ambas alumnas (Faro de Vigo). 

Los hechos ocurrieron en 2015, cuando el profesor envió un correo a una de las alumnas que tenía 16 años que cursaba bachillerato, para tener una cita. Tras recibir un rechazo decidió acosar a su amiga, también menor de edad, quien le dio otra negativa, y que, en consecuencia, le acosó en público delante de toda la clase insinuando haber tenido relaciones sexuales con ella. 

Sin duda, la solidaridad de sus compañeros y compañeras al denunciar la situación que estaban sufriendo las alumnas es un claro ejemplo del impacto positivo de la implicación del grupo cuando son espectadores de una agresión, dando una respuesta  contundente de rechazo a la conducta agresora, y de apoyo a quien la está sufriendo.

La difusión de estas noticias, dando valor a aquellos grupos y comunidades que se implican en proteger a quien sufre la violencia, consiguen visibilizar las transformaciones que se consiguen al promover cambios que pueden llegar a ser significativos frente a nuevas situaciones en las que se vuelva a dar la violencia. Pero también sensibilizan frente a la necesidad de rechazo a la violencia siempre, vengan de quien vengan, aunque sea de un profesor, quien se supone debería respetar y velar por el bienestar de su alumnado.

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