En los últimos tiempos estamos asistiendo a una moda creciente de discursos sobre las llamadas nuevas masculinidades. Contenidos sin ningún aval científico como los micromachismos, la necesidad de la deconstrucción de la masculinidad, el amor romántico mata, la importancia de hacer tareas domésticas o el requisito de pedir perdón por ser hombres, llenan conferencias, foros y charlas de personas supuestamente “expertas” en masculinidades, que hilan un discurso carente de profundidad, superficial y, por tanto, que está lejos de influir y transformar las vidas de sus auditorios.

De hecho, en dichas charlas y conferencias el impacto social en lo referente a la prevención y la erradicación de la violencia de género, nunca se explica porque es inexistente. Fomentar este tipo de charlas nos aleja de lo realmente importante y distrae la atención de hombres y mujeres que escuchan el mensaje con buena voluntad y confían en que “si lo dice una persona experta, será verdad”.

Los discursos basados en evidencias científicas con impacto social, en la línea de las Nuevas Masculinidades Alternativas (NAM), van más allà del discurso meramente igualitario, profundizan en las raíces de la violencia de género y muestran resultados de mejora, pero ¿por qué en en determinados círculos se les otorga poca o ninguna visibilidad? ¿Por qué las instituciones encargadas de organizar estos foros, en ocasiones no aseguran a su ciudadanía discursos con aval científico?

El problema se acrecienta cuando es dinero público el que paga este tipo de actos. Es muy preocupante que la elección, para una conferencia, de un tema u otro, con un discurso u otro, tenga como argumento de mayor peso, cuán elevados son los honorarios del conferenciante en cuestión (¡cuanto más caro, mejor!); si está más de moda o no (¡no para de dar conferencias!); o si el tema suena más o menos (¡todo el mundo habla de eso!). En su lugar, parece obvio que los argumentos que debieran inclinar la balanza de la elección de la formación de la ciudadanía en temas de género deberían ser si contribuye a combatir la violencia de género; si tiene el aval de las investigaciones sobre género que están dando los mejores resultados; que estén publicados en revistas científicas de elevado rango científico, o si tendrá impacto real en nuestra ciudadanía.

Las personas ponentes que hablan sobre las NAM, en coherencia con aquello que dicen, son hombres y mujeres valientes que ponen por delante la solidaridad al dinero, el impacto social al protagonismo, el bien común al egoísmo. El compromiso ético, personal y profesional de estas personas investigadoras hace que en ocasiones presten de manera altruista su conocimiento, saber y experiencia, a la comunidad. En estos casos, el objetivo final es mucho más valioso que los honorarios por ofrecer  una charla, conferencia o taller.

Es importante denunciar públicamente la mala utilización de recursos públicos con discursos que no tengan ningún aval dentro de la comunidad científica internacional ni presenten datos de impacto social de mejora de la vida de las personas. De hecho, la evidencia nos muestra que, actuando así, es decir, priorizando modas o tendencias, siempre sale más caro. En los tiempos actuales se ha puesto de manifiesto que invertir en ciencia es más rentable que hacer caso a las “personas expertas” de turno. ¿Por qué se sigue negando esta mayor aún en temas como el género y las masculinidades?

La ciencia es la que ha logrado los mayores avances de la humanidad, y esa misma ciencia que tiene impacto social es la que debe acompañar cualquier discurso en nombre de las Nuevas Masculinidades Alternativas, por encima de otros intereses personales

Secciones: subportada

Si quieres, puedes escribir tu aportación