Es necesario reorientar el periodismo al cumplimiento de tres requisitos básicos y ello depende de la decisión editorial.
Estos días, la conversación social sigue focalizándose en las responsabilidades en torno a la trágica muerte del profesor Jason Arday, tras una presión tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales, que él mismo había manifestado en diferentes ocasiones que le resultaba insostenible. El papel de los medios sigue siendo clave y tirar balones fuera ya no es sostenible. En nuestro caso, al DF siempre nos encontrarás con personas, periodistas y medios que sí quieren trabajar para mejorar el periodismo y su servicio a la sociedad. Para ello es necesario avanzar en la solución que contiene tres requisitos básicos: 1) Rendición de cuentas dialógica (Dialogic accountability) 2) Libertad y no sumisión 3) Investigar sí, pero con humanidad e impacto social.
Primero, la rendición de cuentas no debe ser un mecanismo a posteriori, sino que debe ser previa, durante y posterior a la cobertura. En este trayecto, una verdad silenciada ya sale sin miedo. Tal y como se ha recogido en algunos artículos de prensa británicos, nuestra profesión tiene un punto débil: es muy poco autocrítica; lo es mucho con todas las demás profesiones, pero no con la propia. De hecho, lo hemos visto en diferentes ocasiones cuando un compañero o compañera de profesión realizaba autocrítica, sufría ataques en redes sociales o castigo social, cumpliéndose el refrán “en casa del herrero cuchara de palo”. Por ello, uno de los primeros criterios es la necesaria rendición de cuentas constante y que esta debería ser dialógica. Como decía Camus, lo que más le preocupaba era que la prisa por informar fuera en detrimento de informar bien, y si Camus estuviera vivo, seguramente vería cómo esa alerta que, lamentablemente, decía en sus escritos se está cumpliendo en demasiadas ocasiones. Por eso es importante pasar de modelos corporativistas en el sector periodístico a modelos más propios del siglo XXI, donde la defensa a ultranza de lo indefendible ya no tiene cabida. Para que el periodismo sea excelente se necesita incluir el diálogo en el sector con otros agentes, con la ciudadanía, como se exige tanto a la ciencia, como a las empresas, superando el miedo de la intrusión, los criterios éticos internacionales son los que deben aplicarse y no otros intereses. La buena noticia es que cada vez más profesionales se atreven a romper ese silencio, y lo vemos en las reflexiones autocríticas de algunos periodistas.
Segundo, la libertad no debe confundirse con la sumisión a los peores valores, justificados por los supuestos beneficios económicos. La reacción inmediata, cuando se quiere regularizar de alguna manera la prensa, es que saltan las alertas: el miedo a que se vulnere la libertad de prensa, y cualquier reflexión autocrítica se puede llegar a percibir como una amenaza. Así es como el inmovilismo se establece, cuando debería ser lo contrario: la libertad de prensa la mejoramos cuando mejoramos el periodismo según criterios de calidad informativa, impacto social y humanismo. Albert Camus, periodista muy activo en la resistencia francesa colaborando incluso en medios clandestinos arriesgando su vida, en su editorial “Critique de la nouvelle presse” publicada justo cuando la prensa se liberó del nazismo y su censura, alertaba como recuperar la libertad no bastaba para hacer buen periodismo, pensaba en todos los y las periodistas de la Resistencia que habían arriesgado su vida por conseguir de nuevo la libertad, y por ello siempre criticó la dependencia de la prensa al dinero, porque propiciaba la pérdida de la exigencia moral, someterse al sensacionalismo, y a prácticas no dignas del periodismo. Posteriormente, ya en siglo XXI la periodista filipina Maria Ressa, premio Nobel de la Paz 2021 denunciaba cómo las plataformas amplificaban los discursos de odio y la desinformación, y que era un riesgo para nuestras sociedades. Si a ello le sumamos coberturas de prensa no alineadas con los criterios éticos, sino con la sumisión al dinero o al poder, la amplificación se multiplica con mayor velocidad que en las redes; por tanto, la suma de ambas puede causar incluso daños irreparables en la salud y en la vida de las personas. Se debe informar, sí. Pero no de cualquier manera. Como decía Kapuściński, para ser buen periodista hay que ser buena persona, como decía en su libro The Cynics Are Not Suitable for This Profession y nunca debe perder de vista el criterio de humanidad, o como se recoge en los principios éticos internacionales de Ethical Journalism Network los y las periodistas no pueden hacer daño,
Y como último, investigar sí, pero con humanidad e impacto social. Por supuesto, es necesario investigar, pero no de cualquier manera. Cualquier persona, dentro o fuera del ámbito periodístico, sabe que si pones una foto de la persona, su nombre y apellido, y el titular ya induce a la condena, el encuadre es claro: ya estás sentenciado. Y la sentencia ya estaba circulando en redes sociales y en los medios cuando la Universidad de Cambridge todavía no había realizado su investigación ni había emitido sus conclusiones. Pero ya se había condenado a Jason Arday; eso es injusto, y hay que decirlo alto y claro. Por ello, es necesario mejorar la forma en que se investiga y cómo se traducen los resultados en la redacción periodística de un artículo. No sirve despedazar a las personas a golpe de pluma, no se puede escribir sin sensibilidad humana. Muchos artículos publicados sobre Arday parecían el típico patio de colegio donde se comparten rumores, acusaciones y ridiculizaciones. Cualquiera que repase lo ve; por eso, algunos periodistas británicos insisten en dos criterios: la proporcionalidad y la humanidad, pero no puede ser cuando la tragedia ya ha ocurrido; debe ser antes para prevenirla. La verdad dura es que se podía haber evitado; cierto que no ha sido el único factor, pero sí ha sido decisivo. No vale la prisa, o la excusa de que no sabemos, porque todas y todos somos conscientes de que es una decisión editorial, y cuando él dijo basta, que no podía más, la reacción debería haber sido respetar y no seguir haciendo leña del árbol caído, cuando todo el rato era repetir lo mismo. ¿Qué información nueva había? Ninguna, perdonen, pero eso no es periodismo, ¿Cómo se cumple aquí el criterio de humanidad? No se ha cumplido ni en medios supuestamente de derechas ni en supuestamente de izquierdas.
En virtud de lo anterior, es necesario visibilizar y promover más las investigaciones periodísticas que sí tienen como guía el impacto social, el humanismo y la excelencia, que no se someten a criterios utilitaristas, sean de la índole que sean.
Se necesita un cambio urgente. Cada contribución del sector y de la ciudadanía para corregir el rumbo es clave.
En el caso de DF Diario Feminista, se ha decidido, editorialmente, crear una sección especial para visibilizar las aportaciones de periodistas que, desde su investigación periodística, han contribuido al impacto social y han continuado teniendo como bandera la libertad y los derechos humanos, sin someterse a la presión del dinero ni de ningún tipo de poder, sea de derecha, izquierda, centro u otra ideología.
Y para ello hay que recordar los trabajos periodísticos que sí cumplen valientemente con los criterios esperados, superando incluso las presiones del propio sector mediático. Mañana iniciaremos la sección Periodismo Valiente, donde publicaremos artículos semanales centrados en las contribuciones de periodistas de todos los tiempos y lugares, tanto mujeres como hombres, así como de otras identidades que han contribuido con su investigación periodística al impacto social y a la mejora de la vida de las personas, desde una perspectiva humanista y profesional.
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Periodista colegiada. Directora de DF Diario Feminista. Científica y profesora de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAB.

