En noviembre del 2011 nos invitaron a participar del Congreso “Igualdad de Género y Educación” organizado por el Ministerio de Educación en la ciudad de Avilés. Desde hacía mucho tiempo no se preparaba a nivel nacional, de forma tan amplia, un congreso dedicado a esta temática dirigido a personas vinculadas a las comunidades educativas.  En muchas de las sesiones se planteaba la crítica a la literatura clásica, los cuentos tradicionales y Disney porque se argumentaba, sin citar ninguna evidencia científica, que reproducían el mito del príncipe azul que repercutía en la perpetuación de la violencia de género. Tampoco desde esa crítica se presentaban resultados dirigidos a la erradicación de esta problemática. 

Algunos años más tarde, en 2015, el propio Ministerio de Educación publicó una investigación donde quiso aportar evidencias científicas al debate alrededor del amor y el ideal del príncipe azul. Este estudio demostró que no había ninguna investigación a nivel mundial que correlacionara de forma directa la perpetuación de la violencia de género con el concepto de amor ideal. De hecho, cuando se les preguntaba a las y los adolescentes por qué habían dejado de creer en este último, un porcentaje importante apuntaba a la influencia adulta. Además, cuando se les interrogaba sobre la posibilidad de que el ideal de príncipe azul fuera un maltratador, contestaban rotundamente que eso era imposible en un 90%. Datos suficientemente contundentes para ser críticos y críticas con los programas y experiencias mencionados al inicio del artículo. 

Debemos ser conscientes del impacto negativo que tiene utilizar materiales fundamentados en falsos mitos de género. En una ocasión, en un taller de género con adolescentes, un chico levantó la mano y nos dijo que en su centro educativo habían trabajado la prevención de la violencia de género con la película Tres metros sobre el Cielo (3MSC). En la película se estereotipan los modelos de masculinidad y se plantea una relación falsa entre el modelo tradicional dominante y el enamoramiento. El chico del taller afirmó que la profesora con la que habían trabajado la película les dijo que esa película retrataba la realidad, es decir, que durante la juventud gustan los “malotes” y hay que disfrutar, pero después con los años eso cambia y llega la madurez. Afirmación que se aportaba sin ningún tipo de respaldo empírico. 

De modo que resulta curioso observar cómo a las y los jóvenes, que son conscientes que enamoramiento y príncipe azul no van ligados a violencia de género, les inundan con programas que insisten sobre ello. Mientras, películas como 3MSC o Te doy mis ojos, en las que se observa claramente una atracción hacia los hombres agresores, son empleadas erróneamente como herramientas pedagógicas preventivas. Ante esta falta de rigurosidad, desde las Nuevas Masculinidades Alternativas reivindicamos volver a los ideales del enamoramiento y amor ideal –con sus distintas formas y orientaciones sexuales- porque tanto la literatura clásica como la ciencia nos han demostrado que nunca van ligados a las violencias de género.    

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