Mary Somerville retratada por Thomas Phillips.

A semejanza de otras niñas de su época, apenas le enseñaron las primeras letras, recibiendo en cambio lecciones de bordado, piano y pintura, como correspondía a una joven de clase alta, hija de un vicealmirante. En consecuencia, si Mary Somerville ocupa un lugar en la historia de la ciencia ha sido como autodidacta, condición que sin duda acrecienta sus méritos. 

Nacida en 1780 en el Reino Unido, falleció en 1872 en Italia, y fue precisamente el arte pictórico lo que la condujo a introducirse en las matemáticas. Sucedió que las explicaciones de su profesor sobre un problema de perspectiva le despertaron el interés por la geometría de Euclides. En adelante, el estudio del álgebra colmó sus años de juventud, hasta que en 1804 contrajo matrimonio con un oficial de marina que se mostró incapaz de entender la afición de su mujer por las matemáticas. 

Tras enviudar, transcurridos tres años, pudo desplegar con cierta holgura sus aptitudes al conocer al matemático y astrónomo escocés William Wallace, con el cual se aplicó a la resolución de problemas diversos. Por fortuna, cuando a los 32 años se casó en segundas nupcias atinó a elegir mejor, de forma que William Somerville, de quien adquirió definitivamente el apellido, fue un hombre dispuesto a auspiciar sus estudios científicos, incluida la astronomía. 

Mary Somerville, que vivió 92 años entre los siglos XVIII y XIX, ilustra, por un lado, el talento de una mujer que, carente de estudios académicos reglados, destacó como científica, y por otro, los condicionantes que constreñían a las mujeres tanto por parte de padres como de esposos. A riesgo de resultar macabro, se hace patente que, de no haber enviudado del primer marido a los 27 años de edad, sus facultades no habrían germinado. En cambio, cuando pudieron hacerlo dieron lugar, entre otros frutos, a tratados como The connection of the physical sciences, aparecido en 1834, o Physical geography, publicado en 1848 y vigente hasta el siglo XX. Por lo que respecta al sistema planetario, Mary Somerville analizó las perturbaciones de la órbita de Urano, estudio que se considera coadyuvó al descubrimiento de Neptuno por parte del astrónomo  John Couch Adams, en 1846. 

Cuando, en la actualidad, se discute si Plutón es un planeta o no, quizás la inteligencia natural de Mary Somerville dilucidaría lo que preclaros doctores no son capaces de hacer.

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