Vera Poppva // Wikpedia

Vera Popova nació el 17 de septiembre de 1867 en San Petersburgo, creció en una familia que concedía gran importancia a la educación. Su padre, profesor de cirugía, y su madre decidieron educar en casa a Vera y a sus dos hermanos durante sus primeros años. En 1878, ingresó en un instituto y continuó allí una formación que pronto la llevaría hacia la ciencia.

Vera Popova destacó como estudiante y tuvo la oportunidad de formarse en distintos centros antes de comenzar a trabajar en los laboratorios de la Academia de Ciencias de Rusia y de la Academia Militar Quirúrgica. Aquella experiencia resultó fundamental para consolidar su vocación científica. En 1889 viajó a Suiza para doctorarse en química por la Universidad de Ginebra, una decisión que refleja tanto su ambición académica como las dificultades que encontraban muchas mujeres para desarrollar una carrera científica en su país.

Tras obtener el doctorado, regresó a Rusia y comenzó a enseñar química en un centro femenino. Pronto destacó como profesora y conferenciante, pero su actividad no se limitó a las aulas. También escribió libros de texto sobre química básica y publicó artículos científicos, contribuyendo así a acercar el conocimiento científico a nuevas generaciones de estudiantes.

En 1895 contrajo matrimonio con el general Jacob Kozmich Popov, director de una planta militar de acero. Su marido apoyó su dedicación a la ciencia y, siguiendo sus deseos, hizo construir para ella un laboratorio. Allí Vera pudo continuar sus investigaciones mientras vivía en un fuerte militar. A su trabajo científico se sumaban otras inquietudes: estudió las abejas y cultivó su pasión por la literatura, llegó a traducir al ruso obras del escritor francés Guy de Maupassant.

A Vera Popova se le atribuye la clasificación de la dibencil cetona, una de las aportaciones asociadas a su breve, pero intensa trayectoria científica. Sin embargo, su carrera terminó de forma trágica. En 1896, con apenas 28 años, murió en su propio laboratorio a consecuencia de una explosión.

Su fallecimiento fue recogido por publicaciones científicas rusas e internacionales, que reconocieron la trayectoria de una mujer que había conseguido abrirse paso en un ámbito dominado por los hombres. Su marido quiso mantener vivo su legado y creó un fondo destinado a facilitar que otras mujeres rusas pudieran acceder a estudios científicos. De este modo, la historia de Vera Popova no quedó reducida a la de una investigadora que murió prematuramente, sino que también se convirtió en la de una mujer cuya trayectoria ayudó a ampliar el espacio de las mujeres en la ciencia. 

 

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