canva

En el ámbito universitario, donde se espera que predominen la ética, la solidaridad y el compromiso con los derechos humanos, la instrumentalización de las personas con fines perversos constituye una de las formas más sutiles y crueles de violencia. En particular, en contextos marcados por la violencia de género, esta instrumentalización se convierte en una herramienta habitual de quienes pretenden sostener el statu quo de impunidad. Hay personas que se acercan a otras simulando interés, empatía o incluso amistad, no para apoyarlas, sino para obtener información que posteriormente será utilizada para dañar, desacreditar o aislar a quienes defienden a las víctimas o impulsan cambios reales.

Esta estrategia responde a un patrón de violencia de género aisladora, que no solo busca silenciar a las víctimas, sino también castigar a quienes se atreven a acompañarlas. Las personas que actúan de este modo se valen de la manipulación emocional y de la confianza que generan para recopilar datos, tergiversarlos o usarlos como armas en campañas de desprestigio. De este modo, las redes de solidaridad que son esenciales para la protección de las víctimas y la transformación institucional se ven amenazadas.

Frente a ello, es fundamental reconocer estas dinámicas y proteger los espacios seguros en los que las víctimas y sus aliadas puedan compartir, construir y sanar sin temor. La universidad debe reforzar su compromiso con una convivencia basada en el respeto, la transparencia y la no violencia, erradicando las prácticas que convierten a las personas en medios para fines espurios. No puede haber neutralidad ante estas formas de violencia: callar o mirar hacia otro lado es perpetuar el daño. Solo desde una posición firme de denuncia, reparación y prevención se puede avanzar hacia entornos universitarios realmente seguros y justos.

👀 Visitas: 158

Tags:
Secciones: _noticias

Si quieres, puedes escribir tu aportación