El consumo de alcohol, tanto en hombres como en mujeres, es una cuestión que preocupa mucho a la sociedad. Desde la ciencia, hay un gran interés en abordar el problema que supone para la salud, para el bienestar, para el gasto en sanidad… Este diario ha publicado numerosos artículos sobre el tema, ya que el consumo de alcohol no ha disminuido en décadas y se relaciona con enfermedades, accidentes, violencia y agresiones sexuales… Es imprescindible que accedamos a las evidencias científicas y las recomendaciones internacionales para poder tomar decisiones informadas: no consumir, o cuándo y cuánto consumir. Sobre todo cuando la realidad es que muchas personas nos hemos socializado con la idea de que el alcohol no es una droga, o que no es perjudicial si se bebe con moderación.

El problema viene muchas veces cuando existe un discurso coercitivo que nos presiona para que bebamos. La mayoría de hombres se habrán visto en situaciones en las que otros les han hecho sentirse de alguna manera forzados a beber alcohol. Vemos que se consume en multitud de contextos, tanto familiares como de ocio, desde la adolescencia hasta la vejez, en la mayoría de celebraciones, etcétera. En todos estos ambientes podemos oír diferentes comentarios que transmiten una misma idea: para ser hombre, tienes que beber y no poco. Frases como “no tienes aguante”, “eres una nenaza” o directamente “qué rollo de tío, se ha pedido una sin”. Suele estar socialmente aceptado que una fiesta sin alcohol es impensable, o que la única manera de pasarlo muy bien es emborrachándose, cuanto más mejor. En contextos de ocio, además, es muy común la percepción que tienen chicos y hombres de que para poder conocer gente y ligar es necesario beber, porque “te desinhibe”.

Los chicos y los hombres que tienen actitudes NAM tienen la seguridad y la fuerza para no entrar en ese juego, para no ceder ante ese discurso coercitivo. Además, muchísimos chicos y hombres se relacionan con amigos no solo en los típicos ambientes de ocio, sino también en entornos en los que no está presente el alcohol: deportes, actividades al aire libre, iniciativas culturales… Pero, cuando se ven en esas situaciones, no dejan que un comentario cutre les haga beber más de lo que quieren; no dejan que otras personas decidan por ellos. Es más, al ser solidarios y cuidar sus amistades, tampoco permiten que otros se vean presionados. Quizá ante el comentario “qué aburrido, se pide una sin” referido a un amigo, conocido o incluso desconocido, podría decir “pues yo me voy a pedir una también y me lo estoy pasando genial”. O si dicen a alguien lo de “¡Venga, tómate otra!” y ese alguien no quiere, puede que educadamente intervenga con una pregunta: “¿Necesitas que él beba? ¿Para qué?”. 

Quienes quieren ser NAM tienen claro que si deciden beber más, menos o nada, es una decisión personal que van a tomar libremente, no bajo la presión de otras personas. Además, saben que beber suele producir esa falsa sensación de seguridad que muchas veces produce el efecto contrario al que la gente busca. A estos chicos y a estos hombres que no dejan que otros decidan por ellos, la seguridad les da mucho más atractivo que el alcohol. 

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