Mucho se está hablando en las redes sociales sobre la fiesta ilegal que se ha desarrollado desde la noche de fin de año en la población de Llinars del Vallés en Cataluña. Aparte del debate sobre su desalojo y sobre la rapidez o no por parte de los Mossos o la coordinación o no entre los diferentes departamentos del gobierno, lo que verdaderamente sorprende es que algunos de los comentarios que se leen en las redes intentan presentar las fiestas raves como revolucionarias y, por lo tanto, como personas revolucionarias a aquellos y aquellas que asisten a ellas.

Presentar las fiestas raves como revolucionarias es una afirmación totalmente reaccionaria y falsa. Quienes lo hacen, o bien nunca han estado en una rave y, por lo tanto, se han dejado influenciar por los comentarios que circulan o bien, sí que han estado y se esfuerzan en presentar esta actividad como revolucionaria quizás para encubrir que, en realidad, son fiestas en las que hay mucho machismo, son espacios en los que se producen muchas situaciones de acoso sexual y donde se cultiva la fealdad.

La revolución es otra cosa y no tiene nada que ver con ocupar una nave, hacer una fiesta ilegal, saltarse todas las medidas sanitarias de seguridad y poner en peligro a una sociedad que ya lo está pasando suficientemente mal y, además, creerse con el derecho de saltarse las normas argumentando que el gobierno no está actuando bien con relación a la pandemia, como si eso les preocupara realmente. Eso no es ser revolucionario ni revolucionaria. Ese comportamiento refleja cutrez y justamente todo lo contrario a lo que es la revolución y la lucha por las libertades de todas las personas.

Contrastan estos comentarios con otras acciones y ejemplos que tenemos hoy mismo que sí pueden presentarse como revolucionarios. Por ejemplo, lanzarse al mar con un barco para rescatar una patera a la deriva con casi cien personas a bordo; trabajar jornadas interminables en los hospitales atendiendo a todos los enfermos que ingresan por COVID-19 y otras enfermedades; organizar campañas de recogida de alimentos para aquellas familias que lo están pasando mal, hacer voluntariado para alfabetizar a personas que no han tenido acceso a la educación, ayudar a todos aquellos niños y niñas durante el confinamiento para que no pierdan sus clases, etc. Se me ocurren muchos ejemplos, pero, desde luego, nunca una rave

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