Hace unos días nos llegaba la noticia de que Sesame Workshop, la organización sin ánimo de lucro que dirige el programa televisivo de educación temprana mundialmente conocido Barrio Sésamo, ha incluido dos nuevos personajes, Noor y Aziz. 

Quienes han inspirado la creación de los muppets son dos mellizos musulmanes rohingya de seis años, una niña y un niño que, como tantos otros miles, tuvieron que escapar del conflicto y la persecución en su lugar de procedencia, Myanmar, y ahora viven en el campo de personas refugiadas más grande del mundo situado en Bangladesh. 

Según informa The New York Times, Noor y Aziz, además de mostrar en su carácter y actitud la riqueza cultural de su pueblo, hablaran el rohingya y aparecerán junto al elenco de personajes como Elmo y otros clásicos de la plantilla en la programación educativa. Matemáticas, ciencias, salud y otros temas se ofrecerán como parte del nuevo plan de estudios que Sesame Workshop ha creado junto a la Fundación Lego, el Comité Internacional de Rescate y BRAC (por sus siglas en inglés Building Resources Across Communities) para la infancia rohingya que habita en los asentamientos de personas refugiadas.

Sherrie Westin, recuerda para TNYT que las niñas y los niños rohingya se encuentran entre las y los más marginados del mundo y la mayoría aún sufren las secuelas de la violencia a la que se vieron expuestas y expuesto, algo que también en su comportamiento los personajes tratarán de visibilizar. Noor, por ejemplo, al igual que muchas otras niñas y niños, tiene miedo a los ruidos fuertes por culpa de la cantidad de disparos que llegaron a soportar.

La infancia que sufre y se ve obligada a huir de la barbarie es uno de los grupos de población, junto a las mujeres, que más expuestos se encuentran a la violencia más extrema. La ONU informaba que sólo en 2018 más de 12.000 menores murieron o sufrieron graves heridas en conflictos. Huyendo de la violencia que provocó esas cifras, conservadoras según la representante especial para la Cuestión de los Niños y las Niñas y los Conflictos Armados, se produjo el desplazamiento de los 3’8 millones de menores que, unido a quienes lo hicieron por culpa de los desastres naturales, hicieron de 2019 un año con cifras récord. 12 millones de niñas y niños desplazados cuya situación ha empeorado debido a la pandemia por el COVID-19. 

Las secuelas de vivir experiencias de este tipo son diversas y numerosas y esta situación viene siendo denunciada por activistas y organismos internacionales desde hace décadas, con junto la importancia y el poder de proteger su educación, entre otros muchos motivos, como elemento imprescindible para su recuperación. Volcar todos los esfuerzos posibles para mantener y hacer llegar por encima de cualquier crisis la educación a todos los niños y niñas, sin excepción, es crucial para que puedan seguir manteniendo sus sueños y esperanza vivos y para dotarlos de recursos eficaces y de la fortaleza necesarios para salir adelante. 

La educación más comprometida con el cambio y la mejora de la realidad social se convierte en poderosa herramienta para transformar las dificultades en posibilidades. En este año que toca ya a su fin, casi todo el mundo ha podido experimentar en mayor o menor medida cuán importante es no dejar de acceder a la misma, así como la relevancia y trascendencia de que haya personas cuyo trabajo está dedicado a que ésta llegue a toda la infancia, sin excepción. Motivo por el cual, la labor que realiza Barrio Sésamo, presente ya en más de 150 países y cuyo impacto en el aprendizaje de los niños y las niñas ya ha sido evidenciado, también es tan importante y merece reconocimiento.

Meet Sesame Workshop’s New Rohingya Muppets

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