Fuente: nstituto Timberline / Sitio web del Distrito Escolar de Boise

La difusión de mensajes que presuntamente proponían ejercer violencia sexual y matar a una alumna de Timberline High School ha impulsado una movilización estudiantil y una petición con más de 14.700 firmas.

Las capturas de una conversación en Snapchat encendieron la alarma en el instituto Timberline, en Boise, Idaho. Según la petición impulsada por estudiantes, integrantes del equipo de fútbol americano habrían escrito mensajes sobre violar y matar a una compañera en un grupo llamado «Gameday lunch». La denuncia ha abierto una investigación y provocado una movilización del alumnado para exigir protección, responsabilidades y medidas de prevención.

Las capturas comenzaron a circular entre estudiantes y en redes sociales el 2 de octubre, según testimonios recogidos por Boise State Public Radio. Idaho News 6 informó de que uno de los mensajes aludía a colgar a la joven y otro parecía referirse a las acusaciones.  La cadena advirtió que no había podido verificar de forma independiente la autenticidad de las capturas ni la autoría de cada mensaje.  Pero en cambio,  el distrito escolar confirmó que conoció la situación el 2 de octubre y avisó ese mismo día a la policía. Las autoridades escolares explicaron que, a petición de la policía, pausaron inicialmente su investigación interna para evitar interferir en las diligencias. La falta de información pública sobre las actuaciones alimentó la preocupación de estudiantes y familias, mientras el distrito alegaba las limitaciones derivadas de la investigación y de la protección de menores.

El 7 de octubre, más de 200 estudiantes salieron de las aulas para protestar. Entre sus pancartas figuraba un mensaje inequívoco: «La violación no es una broma». La movilización acompañaba una petición creada cuatro días antes que supera las 14.700 firmas. Además de sanciones, la iniciativa reclama educación sobre consentimiento y respeto, formación para frenar la violencia  y canales seguros para denunciar sin miedo. En su carta pública a la comunidad, el consejo del distrito afirma que ha ofrecido apoyo a la alumna para proteger su seguridad y atender el impacto de lo sucedido. También sostiene que se están investigando responsabilidades y aplicando medidas disciplinarias, cuyos detalles mantiene reservados por la privacidad del alumnado.

La demanda estudiantil de prevención plantea una responsabilidad que continuará después de las investigaciones: garantizar que el alumnado pueda identificar la violencia, comunicarla sin temor y recibir protección. Esa es también la exigencia que los estudiantes han llevado a la calle en apoyo a su compañera, además de reclamar a su vez que ellas y ellos merecen sentirse seguras y seguros, y por tanto el instituto debe rendir cuentas de qué actuaciones está llevando a cabo para frenar estos tipos de violencia.

El respaldo estudiantil permite situar el caso en relación con las evidencias sobre los upstanders: personas que intervienen activamente para apoyar a las víctimas y contribuir a detener la violencia.  Este caso es, sin duda, un ejemplo de cómo, cuando las y los estudiantes se alzan ante la violencia, contribuyen a frenar la violencia digital hacia su compañera, pero, aún más importante, la posible violencia real que podría haber sufrido tras las amenazas de los presuntos agresores.  La valentía de su posicionamiento ha sido clave, consiguiendo que la posición de upstander fuera la que se generalizara, y no lo contrario, por tanto frenando las represalias del apoyo, y por tanto previniendo la violencia de género aisladora, que es la que suelen sufrir las personas que apoyan a las víctimas, supervivientes.

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