Muchos menores se enfrentan a situaciones adversas y viven una situación de desgracia que, según el Centro de Desarrollo Infantil de Harvard, pueden provocar condiciones como el abuso y la violencia, entre otras. Cada vez hay más evidencias que confirman que esto puede debilitar la arquitectura del cerebro en desarrollo y poner en alerta constante al sistema de respuesta al estrés del cuerpo. Del mismo modo, los hallazgos también muestran que proporcionar relaciones estables, receptivas y enriquecedoras en los primeros años de vida puede prevenir o incluso revertir los efectos dañinos del estrés en la infancia, con beneficios de por vida para el aprendizaje y la salud. 

Recientemente, este centro de investigación ha publicado un paper titulado Conectando el cerebro al resto del cuerpo: El desarrollo de la primera infancia y la salud durante toda la vida, en el que explica que cada vez se sabe más acerca de cómo las relaciones receptivas y las experiencias ricas en lenguaje proporcionadas en las primeras edades ayudan a construir una base sólida para el éxito posterior. Por otro lado, las ciencias biológicas también proporcionan cada vez mayor número de pruebas sobre la importancia del periodo prenatal y los primeros años en la construcción de los cimientos de la salud para toda la vida. En relación con esto podemos destacar dos ideas: 

  1. Lo que sucede durante los primeros años de vida puede tener efectos sustanciales en los resultados, tanto a corto como a largo plazo, en el aprendizaje, el comportamiento y la salud física y mental.
  2. A su vez, estos dominios son interdependientes y por ello el potencial de aprendizaje está ligado a la calidad de la salud física y mental.

Estos hechos interpelan directamente sobre el papel que las escuelas juegan a la hora de evitar que esto ocurra y la importancia de que en las mismas se conozcan estudios de este tipo, porque son espacios privilegiados para ofrecer a las niñas y niños pequeños y sus familias un entorno que ayude a prevenir y transformar, incluso, posteriores alteraciones y problemas de salud derivados de la dificultad por la que puedan estar pasando. No sólo en lo que al desarrollo del cerebro se refiere, sino a muchos otros sistemas fisiológicos, como la función cardiovascular, la respuesta inmune o la regulación metabólica. 

El modo en que una sociedad se preocupa por mejorar la vida de su infancia, independientemente de su origen social y situación económica, la define. En este sentido, es crucial valorar la vida de nuestros menores especialmente de quienes viven y se enfrentan a situaciones de mayor vulnerabilidad, así como de sus comunidades. En las escuelas podemos hacer mucho por ello, si trabajamos a la luz de las principales investigaciones y llevamos a cabo actuaciones educativas basadas en la evidencia, y contribuir no sólo a reducir el impacto económico y los costes sobre salud poblacional que se puedan derivar de ello, sino a ir mucho más lejos construyendo sociedades más justas, equitativas y libres.

Secciones: subportada

Si quieres, puedes escribir tu aportación