Durante este último año se ha visibilizado el movimiento de mujeres marroquíes trabajadoras temporales en la recolección de la fresa en Andalucía que reivindican sus derechos. Esta temporada, las trabajadoras de los campos en Huelva han alzado su voz para contar cuáles han sido sus condiciones y denunciar, con el apoyo de otras mujeres, la violencia y represión ejercidas sobre ellas. 

Las condiciones laborales de explotación evidente son sufridas tanto por hombres como por mujeres en los invernaderos andaluces. De acuerdo con la información que maneja El Salto, existen varios factores que interactúan en esta problemática. Por un lado, la falta de transparencia y regulación en los procesos de contratación conducen a una situación de vulnerabilidad a las mujeres marroquíes puesto que muchas de ellas ni conocen el nombre de la empresa contratante, por lo que la posibilidad de reclamación y queja es nula. Por otro lado, existe una barrera en el idioma; muchas de las mujeres no hablan ni leen español, de modo que no pueden comprender los tratos a los que se llega con los patrones.

La situación de vulnerabilidad se agudiza cuando llega el momento de cobrar, cuando muchas mujeres cobran menos de lo que les corresponde o bien son parcialmente remuneradas y se les promete que cuando lleguen a su país se les enviará la parte correspondiente. En muchas ocasiones, los responsables destinan ese dinero en pagar el vuelo de regreso de las trabajadoras incumpliendo así los convenios en materia laboral establecidos. 

Además, se intensifica la explotación al ser mujer. Muchas de las temporeras sufren abusos sexuales y es elevado el número de abortos practicados en zonas como Huelva. Además de la represión sufrida, se da una violencia sexual constante hacia estas mujeres. En algunos casos, los responsables retiran el pasaporte de las mujeres migrantes a su llegada y solo les son devueltos a cambio de dinero o satisfaciendo el deseo sexual de los hombres encargados. 

Ante todo esto, los silencios y encubrimientos cómplices son claves para que esta situación se perpetúe con total impunidad. Los mismos responsables se aseguran de amenazar con la deportación a Marruecos a las mujeres con más veteranía si estas no informan de la situación diaria en los campos en relación a las víctimas como, por ejemplo, cuando profesionales del ámbito social o de ayuda humanitaria acceden a los campos para conocer la situación real.   

La vulnerabilidad de todas las mujeres es extrema y, a pesar de haber sido denunciada desde 2008, ha sido este año cuando las mujeres han roto el silencio apelando también al movimiento feminista a que se posicione firmemente en contra de la violencia sufrida y superando cualquier barrera de raza, religión o estatus socioeconómico. 

Volvemos a incidir en la responsabilidad de los medios para evitar la revictimización de todas las mujeres violentadas, tanto laboral como sexualmente, en los invernaderos andaluces y el necesario compromiso de protegerlas sin que corran mayores riesgos de violencia.

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