La quimioterapia consiste con el uso de fármacos para evitar el crecimiento de células cancerígenas e inducir su destrucción. La terapia tiene más efecto en las células cancerígenas que en las normales ya que las primeras se multiplican más rápidamente, sin embargo las células normales también son dañadas y esto da lugar a efectos secundarios (caída de pelo, cansancio generalizado o náuseas, entre los más comunes). 

Hasta el día de hoy, los efectos secundarios en el momento de la quimio han sido estudiados con el fin de optimizar la terapia y así disminuirlos en el paciente. Ahora se ha descubierto que estos efectos podrían perdurar en el tiempo debido a las mutaciones acumuladas en las células supervivientes de la quimio, dando lugar, por ejemplo, a neoplasias malignas. El grupo de investigación de la Dra. Núria López-Bigas, investigadora principal del estudio y líder del laboratorio de Genómica Biomédica del IRB (Institute for Research in Biomedicine, Barcelona), han publicado en la revista Nature Genetics los resultados del estudio titulado The mutational footprints of cancer therapies (Las huellas mutacionales de las terapias contra el cáncer). 

Esta es la primera vez que se caracteriza un patrón mutacional del ADN provocado por la exposición directa de células a la quimioterapia. El grupo de investigación estudió diferentes pacientes expuestos a la misma quimioterapia y durante periodos de tiempo parecidos. Los resultados mostraron que las alteraciones en las células eran en ambos casos muy similares. Así pues, la primera conclusión fue que la quimio podía dejar una huella en el paciente, y cuantificarlo era esencial. Por ahora, el grupo de investigación ha logrado identificar el patrón específico de mutaciones para los fármacos más comúnmente empleados en la quimio. 

Este hallazgo da a conocer efectos secundarios, hasta ahora invisibilizados, que derivan de la quimio. Conocer qué fármaco puede dar lugar a una menor huella genética para evitar o disminuir la probabilidad de efectos secundarios tardíos es la primera aplicación del descubrimiento. Además, estos resultados abren la puerta a optimizar los tratamientos existentes contra el cáncer, por ejemplo regulando las dosis y la duración de los ciclos para así disminuir el daño en las células sanas. 

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