Ayer las redes sociales volvían a inundarse de un discurso de odio machista, en este caso, hacia la política Inés Arrimadas tras el anuncio de su embarazo, atacándola con insultos y vejaciones hacia ella y, además, hacia su futuro bebé. 

En los mensajes publicados en las redes sociales queda muy claro que lo ocurrido nada tiene que ver con la libertad de expresión y la argumentación política. Es una muestra de profundo machismo, ya que no se trata de mensajes referidos a su actividad profesional. El verdadero motivo de los ataques es ser mujer. La atacan utilizando las decisiones sobre su cuerpo, su relación sentimental; también su hijo/a está recibiendo insultos, incluso antes de haber nacido. 

Lamentablemente, no es un caso aislado. Al no ser una cuestión de partidos, sino de machismo, es habitual ver cómo se ataca a mujeres de todas las organizaciones políticas por parte de hombres y mujeres de todas las tendencias e ideologías, incluso de aquellas que falsamente se autodenominan feministas.

Por tanto, los insultos utilizados son los básicos del discurso misógino: contra la vida personal, la estética, el físico y la sexualidad; fundamentalmente, contra todo lo que recuerde que son mujeres, personas con capacidad de acción y de decisión, tanto social como personal. 

Por ello, lo que sí ha quedado claro con los ataques a Arrimadas y a su hijo/a es la concepción tan denigrante que tienen las personas que han escrito los insultos, tanto de las mujeres como de la política. Con sus insultos revelan que no ven más que un objeto, un instrumento político y, por tanto, pueden dirigirle cualquier mensaje por violento que sea.  

En definitiva, que las mujeres no puedan ejercer en política sin el riesgo de ser atacadas de esta manera atenta contra la libertad y es antidemocrático. 

Afortunadamente, han sido múltiples los mensajes de mujeres y hombres pertenecientes a diferentes opciones políticas que han mostrado su apoyo a Inés Arrimadas y han condenado las muestras de odio. Toda esta respuesta de la ciudadanía es esencial para contrarrestar el discurso de odio machista, ya que hace más visible la cobardía de los agresores y pone de manifiesto la importancia de seguir trabajando por la igualdad.

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