La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN) presentó el pasado miércoles 18 de septiembre en la sede de la Fundación ONCE el estudio titulado ‘Género, Monoparentalidad y Rentas Mínimas’, que recoge la situación de los hogares monoparentales en España y concluye que la mitad de estas familias está en situación de riesgo de pobreza y exclusión social. 

Es de destacar que de los casi dos millones de hogares monoparentales, el 82% está encabezado por mujeres –una cifra que va en aumento- de las que el 43% está desempleada y un 17% tiene algún tipo de trabajo, pero sin contrato. Esto viene a suponer que más de la mitad de estas familias, pese a poder cobrar alguna ayuda o renta mínima, no pueden irse de vacaciones, no pueden afrontar gastos imprevistos y tienen que aplazar algunos recibos de gastos de la casa, no pueden disfrutar de una alimentación saludable (pobreza alimentaria), además de tener dificultades para mantener su casa a una temperatura adecuada (pobreza energética). 

Estas condiciones de vida suponen un alto riesgo especialmente para los niños y niñas de estos hogares, quienes protagonizan una tasa de pobreza infantil 15 veces superior a la media. 

El estudio incluye análisis de datos, grupos focales y entrevistas a 34 mujeres que encabezan estos hogares, de todas las comunidades autónomas del país. Se recogen algunas de sus manifestaciones, que expresan las situaciones de necesidad desde su propia vivencia, como la de una madre que declara: “Si no me hundo es por el niño de 8 años que tengo. Debo tres meses de alquiler, y tengo aquí la tercera notificación de que le cortan la luz. Aunque no quieras comer, por más poquito siempre se gasta un arroz, una lentejita”.

Ante este escenario, la EAPN realiza una serie de recomendaciones para mejorar la atención y el apoyo que merecen estas familias, entre ellas, la de elaborar una legislación específica sobre hogares monoparentales, implantar una renta mínima de carácter estatal que asegure unos ingresos mínimos y estables para estas familias, facilitar una inserción laboral adecuada y una formación a lo largo de la vida con enfoque de género. Así mismo, se propone incidir en medidas de respiro y conciliación específicas y en garantizar una vivienda digna, estable y adaptada a cada familia. Se cierra este informe con dos recomendaciones más que resaltan la importancia del enfoque de género en la educación y el apoyo a las entidades y asociaciones que defienden los intereses de este tipo de hogares.

Todas estas recomendaciones se centran en aquellos factores que actúan en las situaciones de riesgo de pobreza y pretenden reducir los alarmantes porcentajes presentados. Y lo que es más importante, en las personas que viven en estos hogares, en su bienestar y felicidad.

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