Mucho se ha hablado y publicado sobre conocidos casos de abusos sexuales a niños/as y adolescentes por parte de algunos sectores obviando el debate en otros. A nivel social conocidos son los casos de abusos en el ámbito religioso, por ejemplo, mientras que nada se dice de los mismos en ámbitos como centros de acogida de menores, escuelas públicas, centros de tiempo libre u otros organismos no vinculados a instituciones religiosas.

El pasado lunes, en Reus, un pedagogo que ejercía como educador social fue condenado a cuatro años de prisión por haber abusado sexualmente de una menor residente en un centro residencial de acción educativa. Los abusos por parte del educador empezaron cuando la niña tenía 10 años, en el mismo centro, abusos que se repitieron durante años dentro y fuera del centro; del mismo modo ejerció su abuso de poder con otros niños y niñas del centro. Desgraciadamente no se trata de un caso aislado, cada vez más están saliendo a la luz  otros casos.  

En 1996 investigadores e investigadoras de la Universidad de Deusto redactaron el primer Esbozo de Código Deontológico del Educador/a Social reivindicando la necesidad de reflexión ética de la profesión. A pesar de los esfuerzos por crear un código ético, a nivel nacional, ni en el Documento profesionalizador donde se recoge la definición de educación social, ni en el Código deontológico del educador y la educadora social, ni en el Catálogo de funciones y competencias del educador y la educadora social de la Asociación estatal de educación social y el Consejo general de colegios de educadoras y educadores sociales, aparece ninguna referencia al posicionamiento en casos de acoso sexual, abusos o violencia de género. Otras organizaciones, posiblemente más estigmatizadas, desde hace meses están trabajando para la erradicación de los abusos sexuales dentro de su organización; del mismo modo a nivel político, el Parlament de Catalunya creó el pasado mes de julio una comisión de investigación sobre abusos a menores en centros educativos

Muchas son las aportaciones científicas  y sociales que se han hecho en todo el mundo para la prevención y la erradicación de los abusos sexuales a niños/as y adolescentes. Las principales investigaciones evidencian la necesidad de desarrollar programas que tengan tanto de compromiso social como ético y científico especialmente en el ámbito de la educación y la educación social.  

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