Sadaf Khadem // Twitter @JasminRamsey

Es iraní, se llama Sadaf Khadem, y no es algo a festejar. En lo inmediato, porque después de haber vencido a la boxeadora francesa Anne Chauvin no volverá a su país ya que se ha cursado una orden de arresto contra ella, así como contra su entrenador, también iraní. De modo más extenso, no cabe festejarlo porque dedicarse al boxeo no merece aplausos. 

Parece ser que el auténtico motivo de su posible detención se debe a que Khadem no cumplió el requisito de usar el velo islámico antes y después del pugilato. Así que, no concierne a su actividad, dado que es una atleta federada y su práctica es legal. Legitimidad que no la convierte en un modelo a imitar.  El mero hecho de saltar a un terreno masculino no otorga mérito, puesto que ante todo hay que calibrar qué clase de terreno se conquista.

Por fortuna, en España el boxeo es marginal. Lo es desde la década de los 80 del siglo pasado, cuando, al igual que en otros países avanzados, se asumieron las consideraciones de 35ª Asamblea Médica Mundial, celebrada en Venecia en 1983: «El boxeo es un deporte peligroso. A diferencia de otros deportes, la intención básica del boxeador es producir daño corporal a su adversario. El boxeo puede provocar la muerte y provoca una incidencia alarmante de lesión cerebral crónica. Por esta razón, la Asociación Médica Mundial recomienda que el boxeo sea prohibido». Más claro, el agua. Tan solo el afán de dinero justifica que en algunos países siga en boga, con Estados Unidos como paradigma, exponiendo a seres humanos a gravísimas consecuencias.

Un elemento resulta esencial: se trata explícitamente de dañar al adversario. Las lesiones no son circunstanciales, sino que constituyen el objetivo. Muy sensatamente, aquí se cerraron locales, se suprimieron las retransmisiones por televisión y también las informaciones en la prensa. El boxeo no ocupa espacio en el imaginario social, y lamento tratar de él en este artículo. Sin embargo, creo que es necesario separar el grano de la paja y advertir que la introducción de una mujer, como es el caso Sadaf Khadem, en un pseudodeporte llamado boxeo, lejos de ser un avance constituye la caída en una ciénaga que solo había sido masculina.

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