La respuesta de la Iglesia Católica ante el informe devastador del Gran Jurado de Pensilvania donde se relatan los abusos sexuales cometidos a más de mil menores, ha sido contundente. Por primera vez, hay una respuesta a la altura de la denuncia que miles de víctimas llevaban denunciando desde hace décadas, no encubrir a los acosadores, ni silenciar a las víctimas, si no condenar las acciones perpetradas por los sacerdotes y a la cultura del silencio.Según el comunicado oficial, la iglesia debe situarse al lado de las víctimas, y exigir la asunción de la responsabilidad de los abusadores como de aquellos que permitieron que se produjera.

El cardenal de Estados Unidos,  ha planteado reforzar más los mecanismos de prevención y detección de abusos, creando una comisión independiente, incorporando a personas laicas comprometidas con la prevención de los abusos sexuales, y constituyendo como criterio que las denuncias recibidas sean seguidas por esta comisión, y no por los obispos directamente. La creación de un mecanismo independiente  supone un cambio de la cultura institucional inédito hasta el momento en el seno de la Iglesia Católica.

Ante este hecho, una pregunta surge ¿cuándo harán  las universidades españolas el mismo proceso? ¿Cuando asumirán su responsabilidad por haber silenciado a las víctimas de acoso sexual y haber protegido al profesorado que ha cometido impunemente agresiones sexuales? ¿Cuándo se situarán al 100% al lado de las víctimas de primer y segundo orden?

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