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La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el pasado 23 de abril su informe de resultados correspondiente al ejercicio de 2025, coincidiendo con un momento de transición hacia una nueva estrategia global de salud. Este documento nos sitúa ante un escenario ambivalente: por un lado datos sobre los avances en materia de cobertura sanitaria, protección frente a emergencias y mejora de la calidad de vida y por el otro, importantes desafíos derivados de la insuficiente financiación y del riesgo de no alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2030. En este contexto, la OMS subraya el valor de las políticas públicas basadas en la evidencia y la cooperación internacional sostenida como aspectos clave para transformar las condiciones de vida de millones de personas. 

Entre las principales aportaciones del informe destaca el incremento de personas mejor protegidas frente a emergencias sanitarias y de 1.750 millones que viven en mejores condiciones de salud. Estos avances no son neutros desde la perspectiva de género: mejorar los sistemas de salud y su capacidad de respuesta implica también fortalecer la detección temprana, la atención integral y la prevención de la violencia contra las mujeres y la infancia. La evidencia en salud pública muestra que proporcionar servicios accesibles y de calidad permiten identificar situaciones de violencia, activar redes de protección y reducir su impacto a largo plazo. 

Así pues, el enfoque de la OMS conecta con estrategias globales que sitúan la erradicación de la violencia de género como un objetivo estructural de salud pública. Iniciativas como la estrategia global para la salud de las mujeres, la infancia y adolescencia promueven la construcción de entornos seguros, relaciones de cuidado y políticas que combatan las desigualdades de género, factores que aumentan la vulnerabilidad y el riesgo de sufrir violencia. Desde esta perspectiva, la mejora en el acceso a servicios esenciales y la promoción de vidas más saludables contribuyen a reducir esos factores de riesgo estrechamente vinculados a la violencia contra las mujeres y la infancia.

En definitiva, el informe refuerza una idea a destacar como es que la salud y la erradicación de la violencia están interconectadas. La consolidación de sistemas sanitarios sólidos no solo salva vidas, sino que también crea condiciones para prevenir la violencia mediante la educación, la detección precoz y el acompañamiento a las víctimas. En un momento de cambio en la estrategia, la OMS evidencia que avanzar hacia sociedades más saludables va necesariamente de la mano de avanzar hacia sociedades libres de violencia, donde mujeres, niñas y niños puedan desarrollar sus vidas plenamente. 

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