Rose Valland // Wikimedia

«Mi cuaderno era mi arma; mi memoria, mi refugio», dijo cuando las obras de arte fueron salvadas.

Rose Valland nació el 1 de noviembre de 1898 en Saint-Étienne-de-Saint-Geoirs, Francia. Se graduó en Historia del Arte y, en 1932, comenzó a trabajar como voluntaria en el Museo Jeu de Paume. Allí se ocupó del catálogo de las colecciones y colaboró en el montaje de quince exposiciones internacionales, además de publicar diversos artículos en revistas y periódicos especializados en arte.

En 1936, ante la sospecha de una guerra inminente, Francia preparó un plan logístico para la protección de obras de arte, llevado a cabo por quien sería el futuro director de los museos nacionales. Rose Valland participó activamente en este plan de salvamento, en el que se elaboraron listas de castillos, abadías y monasterios, así como planes de evacuación e itinerarios definidos para resguardar las obras.

Cuando finalmente fue contratada en 1940 y los alemanes irrumpieron en el museo, Rose Valland fue la única persona que conservó su puesto. Su apariencia austera, introvertida y responsable hizo que no la consideraran una amenaza y, mucho menos, que imaginaran que hablaba alemán. Sin embargo, Rose Valland había estudiado en las mejores escuelas de arte de Francia: hablaba alemán con fluidez, conocía cada sala y cada obra del Museo Jeu de Paume y poseía una memoria prodigiosa.

Cuando los alemanes ocuparon París en 1940, su director le pidió una sola cosa:
«Observa todo. Infórmanos de lo que puedas».
Ella respondió simplemente: «Haré mi deber».

Los nazis jamás sospecharon que aquella mujer silenciosa entendía cada palabra que decían. Creyeron que no era más que un adorno administrativo en el espacio desde el que Göring y los oficiales del Einsatzstab Rosenberg seleccionaban cuadros de Renoir, Monet, Degas, Cézanne, Vermeer o Cranach como si fueran botines personales.

Durante cuatro años, Rose trabajó en silencio en el corazón mismo del saqueo. Tomaba notas a escondidas, memorizaba números de vagones, fechas, destinos e inventarios completos. A veces, los oficiales hablaban de logística sin ningún cuidado, seguros de que ella no comprendía su idioma. Pero Rose retenía cada dato y, al llegar a casa, lo transcribía en un registro clandestino.

Aquellos apuntes se convertirían, tras la guerra, en el mapa que permitió encontrar arte escondido en castillos, túneles ferroviarios y minas de sal en Alemania y Austria.

En agosto de 1944, cuando los alemanes intentaron huir con 148 cajas de obras maestras, Rose ya tenía registrados los números exactos de los vagones. Gracias a esa información, la Resistencia interceptó el convoy antes de que saliera de Francia. Esta intervención evitó que innumerables familias perdieran definitivamente su patrimonio.

Su labor permitió recuperar unas 60.000 obras, de las cuales alrededor de 45.000 fueron devueltas a sus familias originales.

👀 Visitas: 146

Si quieres, puedes escribir tu aportación