En la ciudad de Malakal, ubicada al noreste de Sudán del Sur, un grupo de hombres está desafiando estereotipos culturales profundamente arraigados al convertirse en defensores activos de la igualdad de género. Líderes comunitarios, jóvenes y padres de familia están promoviendo un cambio que no solo beneficia a las mujeres, sino a toda la sociedad. Como ya destaca bell hooks (1952-2021), el feminismo es para todo el mundo.
En esta línea, Tut Munnendiniy, padre de dos hijas y tres hijos, y uno de los 40 hombres que se han posicionado a favor de la igualdad de género en Malakal, dice lo siguiente: «Creo que los derechos de las mujeres son derechos humanos y que no debemos tratar la lucha por la igualdad de género como un asunto exclusivo de las mujeres. Como padre, enseño a mis hijos que las mujeres son sus iguales y a mis hijas que deben alzar la voz por aquello en lo que creen.» Este tipo de referentes son muy positivos para los niños y las niñas, además demuestran, como ya sabíamos, que las nuevas masculinidades alternativas son muy diversas. Las palabras de Munnendiniy reflejan algo que ya se ha publicado mucho en investigaciones científicas y también en este periódico y es que en la lucha por la igualdad de género y contra la violencia de género hay hombres y mujeres que se posicionan junto a las personas agresoras, al igual que hay mujeres y hombres, sin distinción de género, que se posicionan junto a las personas víctimas.
Se debe tener en cuenta que, históricamente, las normas tradicionales en Malakal —como en muchas otras partes del mundo— han asignado roles rígidos a hombres y mujeres, limitando la participación femenina en la toma de decisiones, la educación y el empleo. Sin embargo, en los últimos años, muchos hombres como Tut han comenzado a replantearse su papel en la lucha por la equidad. Él mismo añadía lo siguiente con relación a una conferencia que habían organizado para hablar sobre los roles de género: «Este evento puede parecer un pequeño paso para muchas personas de otros países, pero para nosotros, como hombres sudsudaneses, es una conversación trascendental que se difundirá ampliamente entre nuestras comunidades»,
El compromiso masculino en la defensa de los derechos de las mujeres no se limita a las palabras. En Malakal, se han organizado marchas, debates comunitarios y programas donde hombres hablan públicamente sobre la necesidad de romper con patrones de discriminación y abuso. Esta ola de cambio no solo es beneficiosa para la sociedad, sino que también redefine la masculinidad. Al rechazar la violencia y la desigualdad de género, los hombres de Malakal están construyendo un modelo alternativo de convivencia basado en el respeto mutuo y la justicia. La valentía de estos hombres de Malakal marca un precedente esperanzador. Porque cuando los hombres alzan la voz a favor de la igualdad y en contra de la violencia, se amplifica el mensaje: los derechos de las mujeres no son un asunto exclusivo de mujeres, son un tema de humanidad. Y en Malakal, esa humanidad está despertando.
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