Es un error pensar que las Nuevas Masculinidades Alternativas —entendidas como formas de ser hombre que suponen una alternativa real frente a masculinidades dominantes u oprimidas— son exclusivas de hombres blancos de clase media. Esta idea no solo es reduccionista, sino también profundamente injusta. Es injusta, por un lado, porque ignora todas las transformaciones o posicionamientos que históricamente han existido por parte de hombres en distintos contextos sociales y culturales, y, por otro lado, porque la posibilidad de tener relaciones bonitas e igualitarias que rechacen la violencia no es algo que sea característico de una clase social o el color de la piel.
En comunidades pobres o racializadas también se dan ejemplos valiosos de hombres que gozan de vínculos de calidad que rechazan la violencia. Por ejemplo, durante los movimientos por los derechos civiles en Estados Unidos, figuras como Martin Luther King Jr. (1929-1968), promovieron una masculinidad no violenta basada en la resistencia ética, la empatía y la justicia. También es el caso de Bayard Rustin (1912-1987), quien era abiertamente gay y abogó por la causa de los derechos para gays y lesbianas hasta el final de su carrera. A pesar de ser una figura menos conocida, fue quien asesoró a Martin Luther King sobre las técnicas de resistencia no violenta. Ambos fueron hombres afroamericanos que no solamente decían estar en contra de la violencia, sino que, en la práctica, también promovían la no-violencia. No aprovechaban su situación de liderazgo para generar situaciones violentas o de abuso, sino que luchaban al lado de las mujeres.
En esta línea, también en sectores más humildes podemos encontrar personas NAM, como el salvadoreño Óscar Arnulfo Romero (1917-1980). Desde su posición de sacerdote católico, que llegó a ser arzobispo de San Salvador, denunció con valentía las violaciones de los derechos humanos cometidas por el Estado, especialmente aquellas dirigidas contra los pobres y campesinos, solidarizándose activamente con las víctimas de la violencia política. Su legado ha sido inspirador para la vocación de algunas mujeres religiosas en Latinoamérica, debido a que fue un ejemplo por su compromiso con la no-violencia y las personas desfavorecidas.
En este artículo se ha hablado de diferentes figuras que pueden resultar más o menos conocidas o gozan de cierto reconocimiento social. No obstante, el objetivo de este artículo también es demostrar cómo estas NAM están presentes en nuestra cotidianidad, en diferentes rincones de la sociedad. Es decir, no son propiedad de una clase social ni de un color de piel. No solo nacen en universidades o talleres formativos; también están presentes en casas humildes, en los movimientos sociales, y en las pequeñas decisiones cotidianas de quienes eligen amar, cuidar y rechazar la violencia en lugar de ejercerla.
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