En contextos de conflicto como Sudán del Sur, la violencia sexual contra mujeres y niñas se ha convertido en una de las formas más brutales y silenciadas de vulneración de derechos humanos. Sin embargo, incluso en estas situaciones extremas, emergen iniciativas feministas que, desde el uso transformador de la tecnología, están generando alternativas para las supervivientes.

La tecnología puede ser una herramienta de empoderamiento cuando se orienta al impacto social en co-creación con diversidad de personas. Una de las iniciativas en este sentido es la impulsada por IsraAID, una organización humanitaria internacional que, en colaboración con profesionales locales, ha desarrollado herramientas tecnológicas para recopilar de forma segura y confidencial los testimonios de supervivientes de violencia sexual. A través de una plataforma digital accesible desde teléfonos móviles, las mujeres pueden narrar sus experiencias en sus propios términos, sin la presión de responder en el momento ni de revivir el trauma cara a cara. Esta metodología no solo protege su identidad, sino que prioriza su agencia, permitiéndoles decidir cuándo y cómo compartir su historia. 

Este uso de la tecnología no es neutro: está mediado por la solidaridad, la seguridad digital y la voluntad de cambiar las estructuras que perpetúan la impunidad. Además, abre la puerta a construir redes internacionales de apoyo entre mujeres, activistas y profesionales comprometidas con la erradicación de todas las formas de violencia de género.

 

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