María y Claire, de 22 y 25 años, fueron desde la gran ciudad a un pueblo cercano de Barcelona para asistir a una fiesta local a la que Javier, un conocido de su edad, les había invitado. Ellas pensaron que iban a pasar un fin de semana divertido, único e inolvidable. 

Al llegar a la fiesta, las dos jóvenes se encontraron con Javier y un amigo de este. A mitad de la noche los chicos animaron a las dos chicas a continuar la fiesta en casa de los padres de Javier, quienes habían salido todo el fin de semana. 

Los cuatro jóvenes llegaron a la casa. Lo que iba ser una noche divertida se empezó a convertir en una pesadilla para las dos jóvenes. Javier quería tener sexo con María, pero ella se negó. La firmeza de la joven de “No, no quiero tener sexo contigo” hizo que Javier no lo aceptara y la intentara forzar, cometiendo un intento de violación. 

Al ver que María se resistía en el dormitorio, la empezó a empujar hasta que finalmente la tiró por las escaleras provocándole contusiones y moratones.         

María empezó a gritar socorro “¡Me intentan violar!”, en la puerta de la vivienda. En ese momento eran pasadas las 6 de la mañana y la vecindad alertada llamó a la policía. Una vecina de la zona se acercó a ver para ver cómo estaba la víctima y atenderla hasta que viniera la policía.

La patrulla policial no tardó en llegar al lugar de los hechos. Enseguida la policía informó a María de la importancia de denunciar. La policía hizo su trabajo de preguntar y mirar la situación, sin embargo no acercaron a María y a Claire al hospital y a la comisaría que estaba bastante lejos del lugar de los hechos. 

Lucía, la vecina que las atendió, las esperó en la calle con otros vecinos. Uno de los vecinos, desconocido para Lucía, se acercó al lugar del incidente. El vecino desconocido no paraba de hacer preguntas a la chica que habían intentado agredir hacía unos minutos. 

Lucía acompañó a las dos jóvenes al hospital, y como se encontraban fuera de su localidad les dio su número de teléfono por si lo necesitaban. A María le hicieron una revisión médica y luego se fue a denunciar. La sorpresa de las dos jóvenes fue que el vecino desconocido se presentó en el hospital insistiendo en ofrecerles una habitación gratis para dormir. Las intenciones no parecían buenas. Los agresores salen de donde menos te lo esperas y se creen con el derecho a agredir porque otro lo ha intentado o hecho antes. Las chicas asustadas llamaron a Lucía, quien no dejó de asombrarse de los videos y mensajes que las dos jóvenes compartieron con ella de cómo aquel vecino las había seguido hasta allí y seguía insistiendo en que le acompañaran.

Lucía fue a recogerlas al hospital y las llevó a un lugar más seguro. 

Sin personas como Lucía, que apoyan a las víctimas, el fin de semana podría haber acabado con una doble agresión sexual, por eso es fundamental no mirar a otro lado, y apoyar con medidas de seguridad a las víctimas. 

Lucía, por su parte, fue hablando con algunas vecinas de la zona y descubrió que las agresiones y los extraños comportamientos de los agresores, tanto Javier que intentó violar y acabó agrediendo a María, como el extraño vecino que había seguido a las chicas, eran secreto a voces entre parte del vecindario.  Romper el silencio es clave, y no continuar con un secreto a voces, para generar entre todas las personas entornos seguros libres de violencia.

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