Hasta 56 menores en España están en riesgo alto o extremo de sufrir la violencia vicaria, aquella que los padres ejercen sobre ellos para dañar a su madre, es decir, una forma de violencia de género según europapress. En este diario publicamos una noticia con datos del 2020 en el que 42 menores estaban en situación de riesgo alto, lo que significa que hay 14 niños o niñas más que el año pasado. 

De estos 56 niños (55 en riesgo alto y 1 en riesgo extremo) son solo el 11,8% de los 417, en total, que se encuentran dentro del grupo de casos activos en el Sistema VioGén (Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género).  Interior denomina estos casos como “menores en situación de riesgo”. Los 415 niños restantes se han valorado como en riesgo medio. 

Andalucía es la comunidad con más número de menores en seguimiento por riesgo, 140 (16 de ellos alto o extremo); seguida de Madrid, con 74 (10 en riesgo alto o extremo); Comunidad Valenciana, con 72 (7 en riesgo alto o extremo); y Canarias, con 41 (4 en riesgo alto o extremo).

Los datos nos sirven para visibilizar la violencia que sufren los menores que son víctimas de violencia de género y, esto un paso.  Pero necesitamos como sociedad, dar un paso más y activarnos para convertirnos en un gran círculo o escudo de protección en el que ningún agresor pueda entrar. Lejos de quedarnos como meros espectadores pasivos, debemos asumir la responsabilidad como agentes activos, de proteger a la infancia. Podemos convertirnos así en testigos activos entrando la mirada, detectando posibles situaciones de riesgo lo antes posible y denunciándolas ante la mínima sospecha. 

Pero para ello, como se ha publicado recientemente, es necesario dejar de potenciar las masculinidades tradicionales dominantes en diferentes espacios de ocio, trabajo, etc y, comenzar a valorar socialmente a las nuevas masculinidades alternativas que nunca han ejercido ni ejercen violencia. 

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