Ayer, 3 de junio, se celebraba el Día Internacional de la Bicicleta. Este medio de transporte se convirtió en el S. XIX en un símbolo de libertad para las mujeres. La activista feminista estadounidense Susan B. Anthony la definió como la “feminidad libre de ataduras”, y es que permitió que las mujeres circularan con mayor libertad, cuestionó muchos estereotipos y estuvo asociada a movimientos sufragistas.

Aunque la bicicleta no estaba inicialmente pensada para las mujeres, posibilitó que tuvieran mucha más independencia ya que no tenían que contar con ningún acompañante para que las llevará a los sitios. Esto suscitó un gran desafío que generó reacciones entre hombres que lo consideraban poco decoroso, inmoral, peligroso para la unidad familiar y hasta argumentaban que podía causarles daños físicos, algunos médicos apuntaban que les podía afectar el mal denominado “cara de bicicleta”.

No obstante, las mujeres no permitieron que las reprimieran y los mitos y la popularidad de la bicicleta continuaron aumentando. La vestimenta se transformó gracias a las reclamaciones de las mujeres victorianas y reformistas para adaptarse al nuevo medio de transporte. Se conquistaron grandes logros, en 1985 Annie Londonderry, una inmigrante letona en los Estados Unidos, se convertía en la primera mujer en recorrer el mundo en bicicleta. Así las mujeres empezaron a llamar al vehículo: “la máquina de la libertad”

Actualmente, la bicicleta sigue constituyendo todo un símbolo. En  países como Afganistán, Arabia Saudí o Irán las mujeres siguen luchando por poder montar en bici. Es una práctica que va unida a la concienciación con el medioambiente. Eln ciclismo como deporte profesional, aunque sigue estando mucho más ligado a hombres que a mujeres, hay muchas mujeres que están triunfando en grandes competiciones. 

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