El cambio climático está teniendo efectos de desforestación con un impacto importante en el sector de la agricultura en noreste de Brasil. La climatóloga Francis Lacerda hace años se estudia algunos de sus efectos. Recientemente los ha explicado a la Fundación Thomson Reuters, artículo que recoge las evidencias de las causas de este problema así como las experiencias de las agricultoras organizadas que batallan para lograr una agricultura sustentable y recuperar suelos áridos aliando los cultivos de árboles frutales con cactus originarios como el árbol umbu. 

Para Situarnos en lo que está ocurriendo, Lacerda que es investigadora del Instituto Agronómico de Pernambuco y miembro del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología para el Cambio Climático, explica que nordeste de Brasil sufre una disminución de las precipitaciones y un secado del suelo, asegura que los cambios en todo el bioma de la Caatinga ya están ocurriendo, y mucho más rápido de lo que sugieren los modelos, “Las grandes sequías del pasado duraban tres, tres años y medio. Las sequías consecutivas de hoy duran siete años” y sólo en el estado de Bahía el 16% de las tierras están afectadas por la desertificación”, aseguró

Contra esta realidad han surgido diversas cooperativas dirigidas por mujeres que ven en la reforestación la única salida posible a la situación extrema que viven como agricultoras. Para ello plantan “granjas de agua” cultivando el árbol de umbu-también conocida como ciruela de Brasil- y que almacena agua en sus raíces y otras plantas autóctonas para vender sus frutos. Al almacenar el agua bajo el suelo, el umbu ayuda a combatir la aridificación y la erosión del suelo.

Sus esfuerzos dan resultados, se estima que cada año entre las diversas cooperativas se producen 10 toneladas de frutas que sirven para pulpas y mermeladas, siendo su principal cliente el estado. Se han visto transformaciones e impacto, por ejemplo, Denise Cardoso, miembro de una de las cooperativas relata su experiencia siendo la primera de su familia en cursar estudios universitarios que pudo costear con el dinero que gana cultivando umbu y otras especies autóctonas. La cooperativa “transforma nuestra vida, la de las mujeres”, dijo.

Aunque durante la pandemia de covid-19 se han visto afectadas duramente las actividades y los recursos de las cooperativas, siguen compartiendo la ilusión de transformar los efectos de la desforestación, trabajando juntas de manera solidaria y orgánica, utilizando los recursos de la propia naturaleza para retornar a la tierra su calidad a través de sus cultivos y de esta manera asegurar un mejor porvenir para toda la comunidad. 

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