Las mujeres, siempre que les ha sido permitido, han gobernado con talento. No solo en la actualidad, con un creciente nivel de instrucción, sino en otras épocas. Cuando han debido coger las riendas lo han hecho con tanta capacidad, o más, que sus congéneres masculinos.

Un ejemplo lo hallamos en Ermessenda de Carcassona, nacida en el LLenguadoc en 972 y fallecida en Sant Quirze de Besora en 1058. Ochenta y seis años de vida, una longevidad extraordinaria en aquel tiempo, durante los cuales demostró de sobra inteligencia y decisión. Cuando su esposo, el conde Ramon Borrell, murió en el campo de batalla el año 1017, y siendo que su hijo, Berenguer Ramon, contaba solo 13 años, asumió la regencia de los condados de Barcelona, Girona y Osona. 

Entre sus iniciales diligencias estuvo la de acuñar mancusos, la primera moneda cristiana después de cuatro siglos de incursiones musulmanas. Sensible a los trances de los siervos, dio soporte al movimiento impulsado por la Iglesia llamado Pau i Treva de Déu, destinado a proteger a los campesinos de los abusos de los señores feudales. Un gobierno de Ermessenda que concluyó cuando Berenguer Ramon I reclamó sus derechos, en 1023. 

Le correspondió permanecer en la sombra hasta que el desdichado fallecimiento del joven conde, en 1035, la condujo a ejercer de nuevo el poder. Así, a los 63 años de edad reemprendió el gobierno hasta que otro varón, su nieto Ramon Berenguer I, alcanzó en 1043 la mayoría de edad. Como mujer, al albur de las leyes dinásticas dictadas por los hombres

Y aún le aguardaba otro brete, surgido en 1054 cuando Ramon Berenguer I abandonó a su esposa al enamorarse de Almodis de la Marca. La repudiada obtuvo el favor de Ermessenda para conseguir del Papa la excomunión de los adúlteros. Sin embargo, más tarde los obispos catalanes apostaron por la pareja declarando nulo el anterior desposorio por razón de consanguinidad. Almodis se convirtió a no tardar en esposa legítima y Ermessenda, por esta vez, fue perdedora.

Ya anciana, percibiendo la cercanía de la muerte, se reconcilió con su nieto y con Almodis, les vendió su patrimonio por mil onzas de oro y distribuyó este dinero entre las iglesias de los tres condados. Genio y figura hasta los 86 años, auténtica proeza en una época en que la esperanza de vida rondaba los 35 años. En la catedral de Girona reposa Ermessenda de Carcassona, símbolo de la valía de las mujeres cuando pueden demostrarlo.