Los cambios a nivel social que últimamente se viven en Argentina se podrían considerar una revolución, pero las transformaciones a nivel político hace tiempo que son preocupación de las investigaciones científicas. La libertad sexual de las personas, indiferentemente de su género, no siempre tiene en cuenta las necesidades reales de la ciudadanía y eso puede producir el efecto contrario, cayendo en la victimización y el ataque a esa libertad. 

En la misma línea, el artículo Sexual activism and ‘actually existing eroticism’: The politics of victimization and ‘lynching’ in Argentina, plantea un análisis de las tensiones, por un lado, dadas en los avances en políticas feministas y LGTBIQ+y, por el otro, las que corresponden a la acción política conjugada como linchamiento o escrache. Según la investigación, las políticas propuestas han definido a las personas como sujetos político-sexuales y por ello, a la vez, víctimas de su sexualidad. Por ejemplo, “una víctima de violación que se muestra a sí misma como una mujer que experimenta el deseo, que es deseable y que habla y actúa políticamente, cae bajo sospecha. La víctima ideal no realiza ninguna de estas acciones.” Este tipo de contradicciones políticas dañan y hacen retroceder en cuanto a las libertades y derechos que se quieren conseguir con esas mismas políticas. El análisis concluye, entre otras conclusiones, que las políticas rígidas no son adecuadas para tratar de regular la sexualidad y el erotismo, que de por sí son dos aspectos que para nada siguen leyes estrictas. Las personas nos regimos por sentimientos y pasiones que no pueden seguir una pauta estricta; no se debería legislar cómo una persona “debería comportarse”.

En cuanto al escrache (public shaming) y el linchamiento, la investigación aclara que estas prácticas de tomar la justicia por tus manos han sido herramientas de los movimientos feministas y LGTBIQ+ para protestar pacíficamente ante crímenes contra la humanidad que se llevaron a cabo durante la dictadura (1976-1983) y que el sistema legal dejó sin castigo penal. Según el análisis, estas prácticas se usan por las mujeres víctimas de violencia de género que se reconocen como tal y que tienen por objetivo los hombres que han cometido los abusos. 

Para superar las contradicciones en las políticas existentes, la investigación propone dos posibles soluciones. Primero, las leyes no deberían basarse en expectativas y regulaciones institucionalizadas que están en contra de las prácticas eróticas. Cuando las políticas y leyes están en contradicción con las prácticas erótico-afectivas, reprimen (persiguen a las personas por sus preferencias sexuales), excluyen (niegan el acceso al tratamiento que necesitan las personas trans), discriminan (acceso limitado o nulo a las personas con VIH), pero también afectan en temas como el matrimonio homosexual, la identidad, heteronomatividad reproductiva, etc. La segunda se centra en la preocupación por herramientas como el linchamiento y el escrache para pedir justicia. Dado que estas medidas han salido como respuesta de la victimización sufrida (victimización entendida no únicamente como sexual, sino también medicalizada, mediatizada o judicializada), se han conseguido logros, pero también se ha limitado el alcance de las políticas ya que ignoraban aspectos como la exclusión, opresión, explotación y violencia.

Queda claro que las políticas deben tener en cuenta varios aspectos, ser humanas y considerar las libertades de todas las personas. La violencia no debería ser respuesta a la violencia; la violencia debe ser eliminada de todas las prácticas, de todos los ámbitos, desde los cero años, conjuntamente por todos los agentes de la sociedad.

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