Con el fin de cumplir con las exigencias del trabajo, madres y padres de diferentes partes del mundo llevan la crianza de sus criaturas de forma escondida para no comprometer las expectativas que en su entorno laboral depositan sobre ellos o ellas.

Esto sucede especialmente en el caso de las mujeres. Según la BBC, muchas mujeres tienen miedo de ser vistas como no productivas una vez son madres o de que esté en riesgo su puesto de trabajo o su posible ascenso. Por esto prefieren no manifestar nada que pueda dar a entender que su preocupación principal no es el trabajo.  

Desde que las mujeres se introdujeron en el mercado laboral, se ha considerado que las madres están menos comprometidas y son menos competentes en un entorno laboral. Se pasan por alto para los ascensos con mayor frecuencia que los padres y tienen menos probabilidades de ser contratadas que las que no son madres. Cuando hay flexibilidad disponible, quienes la utilizan se enfrentan a prejuicios y es más probable que se encasillen en roles con menos responsabilidad. Algunas mujeres cambian de trabajo o abandonan la fuerza laboral debido a estas presiones. Presiones en el entorno laboral entre las que sobresale, más allá de las dificultades por optar a la maternidad, la problemática del acoso sexual, aún poco estudiada y normativizada para su actuación y prevención.

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