El impacto social que la ciencia tiene sobre la ciudadanía ha sido objeto de varios artículos de este medio. La manera en la que la ciencia puede mejorar la vida de las personas es más que evidente y más cuando se debaten evidencias científicas y actuaciones de éxito que se pueden replicar en contextos diferentes, como queda remarcado en las actuaciones educativas de éxito. 

En esta misma línea de transformación, el artículo “The Best Diagnosis Is the Autopsy, But It Comes Too Late” [El mejor diagnóstico es la autopsia, pero llega demasiado tarde] analizaba el proyecto Successful Socio-Educative Actions to Overcome Poverty (Acciones socioeducativas de éxito para superar la pobreza), en el que la investigación iba mucho más allá de “diagnosticar” lo que ya se sabe de los territorios más vulnerables de España, sino a tener directamente impacto social mejorando las zonas estudiadas, analizando qué se ha hecho para que se supere la pobreza, qué acciones se han llevado a cabo para que la gente que vivía en situaciones sociales de vulnerabilidad lo dejara de hacer e incrementará su calidad de vida. 

Pasar de diagnosticar la pobreza, que es un tema conocido por todo el mundo, a ofrecer soluciones no es difícil si se lleva a cabo en base a evidencias científicas y no a ocurrencias. Para ello, se han realizado actuaciones socioeducativas de éxito que han llevado a la superación de la pobreza en barrios como La Milagrosa, de Albacete, en el que aproximadamente un 90% de las personas entre 25 y 64 años no habían aprobado estudios de enseñanza secundaria. La solución para superar estas desventajas fue la creación de la escuela comunidad de aprendizaje “La Paz”. El proyecto, basado en los principios del aprendizaje dialógico y la metodología comunicativa, con un continuo diálogo entre comunidad, escuela y alumnado, hizo que el barrio experimentara mejoras en el ámbito educativo, económico y de convivencia, entre otros. 

Queda remarcado que la ciencia y la comunidad científica se deberían dedicar a dar soluciones y no diagnósticos a la sociedad, soluciones a necesidades reales como las de superar la exclusión social o la violencia de género, para que la ciudadanía pueda optar a una vida mejor, desde los primeros años hasta los últimos, en condiciones óptimas, seguras, sin dejar a nadie atrás.

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