Freedom Fighters | Sharmeen Obaid Chinoy directora del film //Flickr

Siguiendo la exitosa trayectoria de su directora, esta película documental destaca a tres mujeres pakistaníes que luchan por los derechos de las mujeres y tiene como objetivo visibilizar las situaciones de desigualdad que aún existen en el país. 

Sharmeen Obaid-Chinoy ha querido destacar la vida de una activista, una policía de elite y una víctima de matrimonio infantil que, marcadas por sus experiencias, decidieron dedicarse a impulsar el cambio, a pesar de las amenazas que reciben constantemente.

Syed Ghulam Fátima, una activista que se enfrentó a la industria del ladrillo, vio desde pequeña las condiciones infrahumanas en las que se encontraban las personas que trabajaban en esas industrias y que acudían a su padre por ayuda. “Estaba en octavo grado y estaba acostumbrada a ver a los trabajadores de los hornos de ladrillos que venían de la periferi, para pedir ayuda a mi padre sindicalista”, dijo Fátima, de 65 años, a la Fundación Thomson Reuters de la ciudad oriental de Lahore en una entrevista telefónica. 

“Estaban destrozados y medio muertos de hambre, y mi padre nos pedía que les proporcionáramos comida y ropa. “Me resultaba muy doloroso y no entendía por qué nadie escuchaba sus quejas. Más tarde descubrí que es una forma moderna de esclavitud y que también existía en la agricultura.” Fátima estima que hay unos 4,5 millones de personas dedicadas a la fabricación de ladrillos en Pakistán, de los cuales alrededor del 60% son mujeres, que son acosadas rutinariamente. “Las cosas están mucho mejor ahora que cuando empecé a trabajar hace 40 años, pero las violaciones y los abusos sexuales continúan”, dijo.

La segunda protagonista y ex novia infantil, Tabassum Adnan, escapó a los 20 años de los abusos domésticos a los que era sometida luego de casarse cuando era una niña. En la actualidad presiona a hombres poderosos de la comunidad para que pongan fin a este tipo de violencia. Pakistán tiene la sexta tasa de matrimonio infantil más alta del mundo, según UNICEF, con el 21% de las niñas casadas antes de los 18 años.

La tercera de las protagonistas es Saima Sharif, mujer policía que fue aceptada en la Fuerza de Élite de Pakistán y se negó a permitir que la violencia y la discriminación a la que se enfrentó en el trabajo la disuadieran de asegurar que las mujeres desempeñaran un papel más importante en esta institución. Aun hoy en día continúa luchando contra los crecientes niveles de violencia contra las mujeres. 

La directora, ganadora de dos Oscars y siete Emmys por sus trabajos anteriores que ponen de relieve la desigualdad de la mujer, narra el contexto nacional en el que miles de mujeres se enfrentan a alguna forma de violencia, que va desde ataques con ácido, hasta agresiones sexuales, secuestros, violaciones o asesinatos, a menudo en nombre del honor. 

Uno de los principales desafíos, aseguró, era asegurar que la película no pusiera a ninguna de las tres mujeres en peligro. “Necesitamos líderes como estas tres, que surjan de las bases, del barrio y de las comunidades de las que proceden y en las que trabajan, y que se comprometan con ellas”, dijo a la Fundación Thomson Reuters.

Con su documental “Una chica en el río”: el precio del perdón”, sobre un supuesto asesinato por honor en Pakistán, la directora logró el compromiso del Primer Ministro, Nawaz Sharif, para eliminar tales asesinatos.

La Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, un organismo de control de carácter independiente, declaró en su informe anual de 2019 que “a pesar de la legislación promulgada para proteger y promover los derechos de la mujer en los últimos años, la violencia contra la mujer ha aumentado”.

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