Las medidas de confinamiento son una oportunidad para abrir debates sobre actividades y costumbres que desde siempre se han dado por normalizadas y que ahora, que no pueden celebrarse o desarrollarse, están poniendo luz en el debate sobre su utilidad o sus consecuencias.

Son fiestas populares, celebraciones tradicionales que por causa de la pandemia no podrán festejarse, como es el caso de la fiesta del lunes de Pascua de origen pagano que se celebra en República Checa. Esta fiesta consiste en que grupos de hombres acuden casa por casa para golpear con ramas en la zona del vientre y las piernas de las mujeres como un gesto para garantizar su fertilidad.

Esta tradición cultural se ha visto este año replanteada por varias mujeres checas. Reivindican  la necesidad de terminar con dicha práctica por su contenido vejatorio hacia las mujeres. La BBC ha recogido voces de chicas que afirman que desde pequeñas han sentido gran vergüenza por el simbolismo de la tradición, según la cual, además,  después de dar golpes a las mujeres, se invita a los hombres a los huevos de Pascua y licores. Es por ello que cuestionan que se siga haciendo.

Algunas mujeres afirman que la normalización de estos actos conlleva que la infancia reciba ejemplos negativos de violencia contra las mujeres y que después son prácticas que cuestan desnormalizar. El debate abierto en la República Checa no es un debate aislado, sino que pone luz en muchos y muy diversos contextos en los que la imposibilidad de festejar replantea el contenido y la forma de dichas celebraciones. Tal como se afirma en este caso concreto, por el hecho de ser tradicionales las celebraciones no deben llevar implícitas demostraciones de violencia, si lo que se pretende, desde el feminismo, es la transformación de dichas prácticas que discriminan a las mujeres por otras que, con su historia y sus relatos tradicionales, se oponen a la violencia.

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