La amenaza inmediata hace olvidar la amenaza constante. Mientras que el coronavirus es una enfermedad con impacto temporal, la gravedad del cambio climático se mantendrá si no se realizan acciones continuas y contundentes. Un informe publicado por la Organización Meteorológica Mundial reitera que el calentamiento global está teniendo mortales consecuencias para millones de personas.

El estudio destaca causas como la elevación cada vez mayor del nivel del mar debido al aumento térmico del agua, la descongelación de los grandes glaciares de Groenlandia y la Antártida, el incremento de olas de calor, incendios forestales y ciclones tropicales, las incesantes tormentas, sequías e inundaciones. Fenómenos que no solo afectan al nacimiento, el desarrollo y la reproducción de la fauna y la flora, sino que se cobran un precio mortal en vidas humanas. La seguridad alimentaria se quebranta a causa de los episodios climáticos extremos, de manera que a finales del año 2019 unos 22,2 millones de personas sufrieron una enorme carestía de alimentos.

 El hambre, las sequías, los incendios forestales, las inundaciones y las tormentas extremas tienen efectos letales en la salud, hasta ahora con clara incidencia en las regiones tropicales. Sin embargo, el egoísmo occidental no podrá sentirse a cubierto por mucho tiempo, dado que el planeta es uno para todos los seres humanos. 

Si observamos la esfera económica, el impacto del coronavirus, pese a resultar importante, será una nimiedad comparado con las pérdidas masivas derivadas del calentamiento global, a menos que se cumplan los compromisos adquiridos en el COP26. Si las inversiones en energías renovables y tecnologías no contaminantes crecen, la economía podría salvar al planeta y sus habitantes. De lo contrario, sobrevivir al coronavirus serviría de muy poco. 

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