Uno de los principios en los que se basa el feminismo más transformador es la solidaridad. En la crisis por el COVID-19 que estamos sufriendo, cada vez surgen más iniciativas y maneras de funcionar basadas en este principio y se está evidenciando que la cooperación entre todas las personas va a ser indispensable para vencer al virus. 

Uno de los sectores en los que ha existido una gran colaboración desde el principio ha sido la ciencia.  Para que se hayan producido los avances logrados hasta el momento ha sido indispensable que las y los científicos del mundo respondieran con solidaridad ante esta emergencia, ya que sólo se producen avances con impacto en investigación cuando son basados en las mejores evidencias que ya han logrado otras personas. 

Desde que se identificó en China el primer brote de coronavirus, se publicó en internet toda su composición genética. Que esta información fuera pública ha permitido que se secuencie un gran número de muestras en todas partes del mundo. De este modo, a partir de las secuencias, se ha podido estudiar cómo se extiende el virus y la velocidad de la propagación y prever el número de personas infectadas. Así, a mayor número de secuencias recibidas, más precisas pueden ser las previsiones y estimaciones y, por tanto, las medidas para contrarrestarlas.

De esta manera, la secuenciación masiva puede generar enormes cantidades de datos y el reto radica en encontrar la forma de analizarlos de la forma más pertinente. Para hacer este análisis, se está contribuyendo desde todas las partes del mundo, ya que el potencial de la secuenciación genética deriva de comparar los resultados de diferentes casos. Como ejemplo de esta colaboración a nivel internacional, la profesora Anne-Miek Vandamme de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica explicaba en Horizon, la revista de investigación e innovación de la Unión Europea, que en comparación con el pasado se están compartiendo muchos más datos y secuencias gracias a nuevas herramientas online que facilitan el intercambio de conocimiento. 

Del mismo modo, aunque por lo general los artículos de investigación tardan meses en publicarse, ante la necesidad de compartir información con rapidez se están compartiendo más “prepublicaciones”, borradores que no han pasado aún por la revisión de pares. El catedrático Richard Neher de la Universidad de Basilea plantea cómo el impulso hacia el open science (ciencia abierta) y el open data (datos en abierto) está cambiando el discurso científico. 

La OMS se ha hecho eco de las evidencias que muestran que es fundamental compartir las pequeñas investigaciones que se están haciendo, para poder lograr una mucha mayor. Así, el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, anunciaba la puesta en marcha de  un gran ensayo clínico a nivel mundial  que se conocerá, precisamente, como “Solidarity”. Por el momento participan diez países, entre los cuáles se encuentra España, aunque se espera que se unan muchos más. La OMS ha indicado que los datos que componen este ensayo podrán ser agregados o eliminados, lo que muestra su carácter abierto a la participación de todas las naciones que tengan algo que aportar en la lucha contra el COVID-19 desde el punto de vista tecnológico, científico, biológico y epidemiológico.

En definitiva, siguiendo la famosa frase de Merton “Si he llegado a ver más lejos que otros es porque me subí a hombros de gigantes”; si queremos ir más allá y poder erradicar esta pandemia que está afectando a toda la humanidad, es imprescindible la ciencia solidaria que ya se está llevando a cabo, en la que importa más generar evidencias con impacto que firmar artículos o tener reconocimientos.

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