Alice Ball

¿Por qué no? Si no fuera porque está muerta. Ella salvó de la lepra a muchos enfermos hasta que la aparición de los antibióticos los hizo más efectivos. Su corta vida, Alice Ball falleció a los veinticuatro años de edad, bastó para que en sus investigaciones químicas desarrollara un medicamento contra la enfermedad de Hansen que estuvo vigente hasta 1940.  

Nacida en Seattle en 1892, se graduó muy joven en Química y Farmacia en la Universidad de Washington, en su propia ciudad. Sin embargo, al recibir una beca para estudiar en Berkeley o en la Universidad de Hawái, optó por esta última para matricularse en un máster de Química. Finalizó los estudios en 1915, siendo la primera mujer afroamericana en obtener un título de máster en la Universidad de Hawái.

Antes de que la tuberculosis acabase con ella al año siguiente, había tenido tiempo de descubrir un aceite cuyo extracto, al ser inyectado, detenía la terrible enfermedad. Cabe vislumbrar cuántos avances en medicina habría podido legarnos si la muerte no lo hubiera impedido tan pronto. Absurda injusticia del Universo. 

Quizás en los momentos actuales, con la gente inmersa en la confusión y el temor, surja una mujer científica que, tan valiosa como Alice Ball, desbroce la angustiosa maraña del coronavirus aportándonos curación y tranquilidad. ¡Ojalá ocurriera así, qué maravilla!… 

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