La Asociación Americana de Psicología (APA por sus siglas en inglés) informa que las mujeres con discapacidad pueden experimentar, además de las comunes al resto, formas de abuso difíciles de detectar como sufrir la eliminación o destrucción de sus dispositivos de movilidad (sillas de ruedas, scooters, andadores); verse forzadas a tomar medicación contra su voluntad o no poder acceder a la misma; sufrir tocamientos mientras son ayudadas a vestirse o bañarse; ver impedido el derecho a acceder a los recursos relacionados con la discapacidad en la comunidad, etc. 

Todas estas formas de maltrato se producen debido a su condición y circunstancias que, en muchas ocasiones, las exponen más a vivir una situación de este tipo, ya que la violencia puede proceder de gente muy cercana como cuidadores, miembros de la familia, personal del servicio de transporte, parejas íntimas y/o asistentes de cuidado personal y otro tipo de personal de servicios de apoyo a la discapacidad. Algo que puede ocurrir frecuentemente con los signos de abuso cuando se trata de hombres y mujeres con discapacidad es que no son evidentes para los demás pues se pueden camuflar con otras particularidades o síntomas físicos que, si además se unen a las dificultades de comunicación, suponen un impedimento para que se pueda informar y denunciar a terceros lo ocurrido. APA describe más motivos como, por ejemplo, el miedo a perder la independencia cuando el abuso procede de un cuidador o una pareja íntima y también el desconocimiento y la desorientación sobre dónde y a quién pedir ayuda. 

En general, no sólo muchas de las personas que ofrecen servicios a las personas con discapacidad tienen un conocimiento limitado acerca de sus necesidades y si son más vulnerables o no a sufrir abuso, sino también sus propios familiares y de ahí la necesidad de recibir formación y orientación basada en evidencias sobre estos temas. 

Recogemos algunas de las recomendaciones de APA, en caso de conocer que alguien cercana vive una situación de este tipo y no sabe cómo actuar. Es importante contactar con organizaciones y personas formadas que atiendan a la víctima sin culparla del abuso:

  • Asegurar una orden de alejamiento o de protección si así fuera necesario y aconsejarle llevarla siempre con ella.
  • Buscar ayuda de un profesional de la salud mental, ponerse en contacto con el médico de cabecera y, si es necesario, solicitar acogida en un centro o refugio para mujeres víctimas de violencia de género.
  • El teléfono móvil, siempre, dentro de lo posible, debe estar a mano con marcación rápida de aquellos números que son para pedir ayuda. 
  • No tener miedo de llamar a la policía.

Todos estos son ejemplos de consejos que también puede seguir cualquier mujer que se encuentre en una situación de este tipo, no solamente aquellas que tienen discapacidad, si bien, su situación hace que, a su condición de mujeres, se sume la de tener alguna dificultad añadida y que les haga aún más vulnerables. 

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