El número de mujeres con discapacidad que acceden y finalizan sus estudios universitarios ha aumentado en los últimos años en Canadá. Esto es fruto de medidas inclusivas, afirmativas y de políticas efectivas que promueven la igualdad en la educación superior.

Cada vez hay más estudios sobre la violencia de género que sufren las mujeres con discapacidad, sobre todo en el contexto de la pareja. No obstante, son aún limitados los estudios sobre las estudiantes universitarias con discapacidad. 

La revista Journal of Postsecondary Education and Disability ha publicado el artículo Sexual Coercion Experiences Among Canadian University Students with Disabilities basado en un estudio realizado en Ontario, Canadá, en el que documentaron la violencia sexual sufrida por mujeres universitarias con discapacidad y los diferentes mecanismos de coerción sexual no deseada a los que fueron expuestas. El estudio se realizó con 88 estudiantes que se autoidentificaron como discapacitadas (con cualquier forma de discapacidad física, emocional o cognitiva). A modo de comparación, se utilizó una muestra de 842 mujeres universitarias del mismo estudio que no indicaron una discapacidad. 

En la investigación, las mujeres universitarias canadienses con discapacidad indicaron haber sufrido coerción sexual a través de la presión psicológica continuada, reportando relaciones sexuales no deseadas fruto de dicha coerción. Las mujeres universitarias con algún tipo de discapacidad tienen el doble de probabilidades de sufrir esta presión continuada respecto a las mujeres sin discapacidad. 

En relación a la coerción basada en el uso de la fuerza física, un 15% de las mujeres universitarias con discapacidad revelaron haberse visto expuestas a relaciones sexuales no deseadas por el uso de la fuerza, casi el doble a las mujeres sin discapacidad. No obstante, el tipo de abuso físico fue similar para ambas. Asimismo, cuando las mujeres universitarias con discapacidad estaban en un estado de incapacidad y libertad para consentir debido a la intoxicación por el uso de drogas o alcohol, el 22% de ellas se habían visto coaccionadas a realizar actos sexuales, teniendo el doble de probabilidades que las mujeres sin discapacidad de ser agredidas sexualmente estando en ese estado.  

Más de tres tercios de las mujeres estudiantes universitarias con discapacidad han indicado haber sufrido acoso sexual durante su etapa universitaria, teniendo el doble de probabilidades de sufrirlo. 

Hallazgos como los de este artículo nos llevan a pensar que estrategias de prevención y actuación en contra del acoso, como el bystander intervention, tiene que aplicarse con especial énfasis sobre la población más vulnerable, potencialmente con más dificultades. Por todo ello, es fundamental que las universidades tomen medidas que incorporen una perspectiva de género interseccional que prevenga y proteja de manera efectiva a toda la comunidad universitaria, incluyendo a las universitarias con discapacidades.

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