La Academia de Cine otorgaba el pasado sábado el Goya de Honor a Pepa Flores, conocida por su nombre artístico Marisol.

Este premio pretende ser un reconocimiento a las personas más representativas del cine español. A través de declaraciones, la actriz y cantante se ha mostrado agradecida y halagada por el premio. No obstante, no acudió a la ceremonia de entrega y el galardón fue recogido por sus hijas, que hablaron emocionadas de la trayectoria de su madre: “”No es consciente de lo feliz que ha hecho a la gente” .

Su ausencia en la gala de los Goya representa la continuación de su firme decisión, ya hace más de cuarenta años, de retirarse de todo tipo de vida pública, con la que renunció a toda la fama que había logrado tras años de una carrera llena de éxitos.

Esta decisión vino después de que hicieran públicos los abusos físicos y sexuales a los que había sido sometida desde que era una niña y daba sus primeros pasos como actriz. Narraba cómo, durante la dictadura franquista, trataban de venderla como “la perfecta imagen de niña inocente y conformista” para que fuera un referente para el resto de niños y niñas, mientras que, tras las cámara,s altos cargos del franquismo acudían a verla a ella y a otras niñas desnudas. 

Si ya es necesaria una gran valentía para romper el silencio sobre la violencia sexual, se hace necesario reconocer el valor extra para hacerlo en el contexto de un país que acababa de salir de años de dictadura. 

Por ello, aunque años atrás pareciera que su denuncia no había tenido ninguna consecuencia, actualmente podemos reconocer su fuerza y valentía para concienciar y alertar sobre lo que estaba ocurriendo en la industria del cine. Sentó un antecedente. Ahora hay muchas actrices que se han atrevido a hablar y que han tejido redes de solidaridad que protegen a más mujeres y que, cada vez más,  están acabando con la violencia sexual en el mundo del espectáculo. 

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