18 de octubre de 2019: La sociedad chilena identifica esta fecha como “el despertar” que vivió la ciudadanía tras 30 años de engaños generados por los gobiernos democráticos y la dictadura de Augusto Pinochet. Tiempo en que nos han hecho creer que Chile era un oasis latinoamericano, cuando realmente estábamos rodeados por las más brutales injusticias sociales: educación y salud accesible solo para quienes puedan pagar, pensiones para adultos mayores que no alcanzan a cubrir los gastos mensuales, impuestos en carreteras, libros y otros productos de consumo, etc. El descontento inició con la evasión masiva del sistema de metro de Santiago (uno de los más costosos del continente) y ha permitido que, a más de dos meses (sin visualizar un término), los ciudadanos resistan con diversas manifestaciones las graves represiones de las fuerzas policiales y militares. 

Las injusticias develadas en Chile no distinguen edad, clase social ni género y es este último punto el que ha hecho de la mujer una de las protagonistas de este proceso histórico. Visualizando este nicho, organizaciones de mujeres han realizado con éxito marchas feministas para exponer su descontento con las ineficientes políticas que debieran protegernos. Esto no solo se generaliza a un Estado opresor de las libertades sexuales y reproductivas de las mujeres, sino que también a la ministra de la Mujer y la Equidad de Género quien desconoció públicamente que existieran violaciones a los Derechos Humanos por parte de Carabineros y militares en contra de mujeres, niñas y adolescentes. 

Bajo este contexto, un colectivo de mujeres de la ciudad de Valparaíso denominadas “Las Tesis” han creado una canción feminista denominada “Un violador en tu camino”, la cual se basa en pensamiento crítico, teorías feministas e investigaciones sobre la violencia de género. De esta forma, la canción es una denuncia en sí misma que muestra la condena del “ser mujer” dentro de una sociedad patriarcal, reinada por estereotipos que indican cómo pensar y comportarnos, asumir un rol materno que muchas veces no queremos, etc. La canción hace referencia también a las consecuencias de la violencia de género en las mujeres: “es femicidio, impunidad para el asesino, es la desaparición, es la violación”. Sin embargo, una de las partes más coreadas es la que permite a la mujer sacarse las culpas y no hacernos responsables por los castigos a los que el patriarcado nos somete: “y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”. 

Esta declaración permitió que muchas mujeres sientan la valentía de develar situaciones de abuso o violación ocultas por décadas, sintiéndose seguras y empoderadas en una lucha que une desde niñas a ancianas, las cuales son capaces de cantar y bailar juntas estas líneas que demuestran con fundamentos que la lucha por los derechos de las mujeres se mantiene vigente con conciencia y sensibilidad. Resistencia y empoderamiento femenino marcan la transición a un nuevo Chile.

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