Vera Peters. cdnmedhall

La oncóloga Vera Peters dedicó décadas a mejorar las vidas de las pacientes de cáncer de mama, pues demostró que, en muchos casos, la mastectomía radical (extirpación completa del pecho) no era necesaria.

Mildred Vera Peters nació en 1911 en una granja lechera cerca de Toronto. Acudió a una escuela rural en la que todos los alumnos estaban en la misma aula y al terminar la enseñanza secundaria se matriculó en Matemáticas y Física en la Universidad de Toronto, pero pidió el traslado a la Facultad de Medicina un año después.

Mientras estaba haciendo la residencia de cirugía en el Hospital St John’s de Toronto, conoció al doctor Gordon Richards, director del Departamento de Radiología del Hospital de Toronto, encuentro que la hizo adentrarse en el campo de la oncología. Richards trabajó para mejorar el tratamiento de las personas afectadas por el linfoma de Hodgkin, que hasta entonces se consideraba incurable. A partir del trabajo que realizaron juntos, se vio que la radiación era un tratamiento más efectivo para tratar el linfoma de Hodgkin y consiguieron que la mayoría de los hospitales se actualizaran en ese sentido. De hecho, gracias a esa aportación la ratio de curación de los pacientes afectados por esta enfermedad ha aumentado hasta superar hoy el 90%.

Fue entonces cuando comenzó a interesarse por las pacientes de cáncer de mama. Hasta la década de los 60 y 70 se realizaban mastectomías de manera estándar, lo cual tenía unas consecuencias físicas y psicológicas importantes en las pacientes. Según ella decía, esto suponía un trauma en muchas mujeres que podía debilitarlas haciendo más difícil su recuperación y su vida posterior. En colaboración con radiólogos del Hospital General de Toronto, Vera Peters demostró que la cirugía radical no era la única ni la mejor opción de tratamiento.

Sin embargo, el reconocimiento a su trabajo no fue inmediato; fue tras su jubilación que comenzó a recibir honores, tanto en Canadá como fuera de su país.

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