Herat, lugar de las protestas de junio 2026 // Wikimedia Commons
Han pasado dos semanas desde las protestas en las que diversos hombres salieron a la calle, exponiéndose a represalias muy graves por parte del gobierno talibán, para protestar contra la discriminación hacia las mujeres y las detenciones indiscriminadas en Herat por supuesta vulneración del código de vestimenta.  Las mujeres llevan sufriendo y protestando como pueden por la violencia sistémica que enfrentan, y tanto dentro como fuera denuncian que su situación requiere atención internacional.
 
Familiares, vecinos y amigos están cansados de cómo se trata a sus mujeres, hijas, amigas y vecinas. Desde el 2021 los recortes de los derechos de las mujeres afghanas tienen cada vez peores consecuencias para su salud y su vida.  Definitivamente no tienen derechos, no pueden educarse, ni trabajar, y la libertad ya no existe para ninguna de ellas. Diversas personas expertas  y relatoras especiales de Naciones Unidas han señalado que las políticas impuestas por los talibanes en Afganistán constituyen o presentan las características de un sistema de apartheid de género y lejos de recular y mejorar las condiciones de las mujeres, en declaraciones recogidas en Afghanistan International, las autoridades consideran que la aplicación de estas medidas seguirá siendo una prioridad.
 
La protesta reunió a hombres en rechazo a dichas detenciones, y en diferentes ciudades internacionales se hicieron concentraciones  bajo la consigna “Educación, Trabajo y Libertad”, un lema que se ha convertido en un símbolo de resistencia frente a las restricciones impuestas por el régimen talibán. Amnistía Internacional señaló que la presencia de hombres en estas movilizaciones refleja un creciente malestar social ante la situación de las mujeres afganas y constituye un hecho poco frecuente desde el retorno de los talibanes al poder. También expertos independientes de Naciones Unidas condenaron el uso excesivo de la fuerza contra los manifestantes y reclamaron el respeto de los derechos de reunión pacífica y libertad de expresión como se señala en la  Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR).
 
Aunque la atención internacional se ha centrado en las protestas de junio, lo sucedido en Herat ha abierto un debate más amplio sobre el papel de los hombres como aliados en la defensa de los derechos de las mujeres en Afganistán. La participación  de hombres, pese a la represión posterior, constituye  un hecho que implica un cambio en la resistencia ciudadana desde el retorno de los talibanes al poder en agosto de 2021. Tal como señaló The Guardian, numerosos observadores consideran que esta solidaridad masculina pública representa un cambio.  Y cabe decir que dicha solidaridad con las mujeres representa, sin duda, un rechazo a la violencia sistemática que se está propagando contra quienes buscan reducir a las mujeres a no ser consideradas siquiera personas.  
 
La solidaridad de estos hombres, sabiendo que su protesta pública y su rechazo implican directamente un alto riesgo de muerte en los peores casos, o de arresto o de tortura, es, sin duda, un hecho que visibiliza su valentía en un contexto tan hostil y violento. Así como la valentía de las mujeres que siguen trabajando para que un día dicha violencia sea eliminada de su país.
 

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