La lucha contra el patriarcado y la consecución de los derechos de la mujer por la igualdad se lleva reivindicando desde hace siglos. En los últimos tiempos somos cada vez más las personas que tomamos conciencia de ello desde la escuela y los hogares llevando a cabo prácticas que favorecen la igualdad de oportunidades. Es evidente que estamos más sensibilizados en temática de género y es un paso hacia adelante.

Sin embargo, se demuestran confusiones y equivocaciones en relación a la búsqueda de la libertad de las mujeres.

Podemos afirmar que hemos avanzado pero a veces caemos en una libertad errónea o “falsa liberación” que consiste en imitar el modelo masculino. Una de las formas es a través de la construcción de relaciones íntimas basadas en un rol de poder que conlleva a violencia tanto en relaciones duraderas como esporádicas como reflexiona Elena Duque en “Aprendiendo para el amor o para la violencia. Relaciones en las discotecas”.

El empoderamiento femenino se distancia de la simple imitación del tipo de relaciones que vienen de la mano del rol masculino.

Partiendo del estudio realizado por Elena Duque, inferimos la idea a otros ámbitos de nuestra vida. La falsa liberación se puede presentar en aspectos como la vestimenta, el maquillaje, la depilación, la elección profesional, los gustos y aficiones, entre otros.

¿Realmente somos libres o actuamos en función a lo estipulado por la sociedad? Aquí el papel de los medios de comunicación y la publicidad juegan un papel importante, así como las presiones y aprobación social y cultural.  Recibimos señales continuas de cómo debe ser una mujer, cómo puede gustar atendiendo a tipos de cánones que debemos cumplir.

No significa que vayamos vestidas de una forma u otra, o que elijamos maquillarnos o no pero sí de analizarnos en nosotras mismas qué grado de libertad existe en la decisión. Para combatir al patriarcado no hay que protegerse del mismo, si no observar, estudiar y ahondar la raíz para poderlo combatir, es el denominado “feminismo radical”, el cual defiende el cambio desde las familias y el quehacer diario. Ser autocríticas con nuestras decisiones nos dará pistas para analizar si seguimos y contribuimos con la desigualdad de género realizando actitudes que la promueven como pueden ser las anteriormente citadas.

A pesar de ser seres sociales en un mundo regido por normas establecidas está en nosotras y en nosotros favorecer ese sistema patriarcal y esos roles de belleza que lo alimentan frente a la libertad verdadera y absoluta de hacer lo que realmente deseamos en nuestras vidas.

Finalizo lanzando una pregunta para reflexionar: ¿Existe la libertad tomada como la facultad y derecho para elegir de manera responsable?

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