(Pixabay)

Siete años más tarde del inicio de la guerra, Síria vive hoy en medio de un legado de desplazamiento y muerte. El país ha quedado dividido en leales al gobierno, militantes rebeldes, extremistas y combatientes extranjeros que realizan campañas a lo largo y ancho.

Se estima según las Naciones Unidas que medio millón de sirios han muerto y 6,1 millones han sido desplazados internos o han realizado el peligroso cruce del Mediterráneo en busca de refugio en Europa. Sufriendo aparte asedios a ciudades y la destrucción de monumentos históricos, gran parte de la infraestructura del país se ha reducido a escombros.

El 15 de marzo de 2011, en medio de las protestas de la Primavera Árabe contra los regímenes autocráticos que habían arrasado gran parte de la región, miles de personas se reunieron en ciudades de toda Siria para oponerse al régimen de Bashar al-Assad en lo que los activistas llamaron el “Día de la ira”. Las multitudes fueron dispersadas violentamente y los manifestantes arrestados. A pesar de la violencia, las protestas continuaron creciendo. Aunque según euronews, los recuerdos de aquellos días de euforia se han ido nublando ante las consecuencias terribles de la guerra.  

La situación de las mujeres en el territorio así como durante el trayecto hacia un nuevo hogar es cada vez más vulnerable, siendo víctimas no solo de la violencia sufrida en el país, sino de violencia física y sexual interna y exteriormente. Las mujeres que aún residen en el país, según la BBC son víctimas de violencia incluso por parte de algunas de las personas que se acercan a prestar ayuda humanitaria, pidiéndoles a cambio favores sexuales. Especialmente las mujeres y niñas sin protección masculina, como las viudas y divorciadas, así como mujeres desplazadas internamente, son particularmente vulnerables a la explotación sexual. Además de los abusos crecientes por parte de los soldados sirios. Por otra parte, según el informe de Amnistía Internacional; Quiero un lugar seguro: Mujeres refugiadas de Siria desarraigadas y desprotegidas en Líbano  las mujeres refugiadas sirias y palestinas de Siria corren el riesgo de sufrir abusos y violaciones graves de derechos humanos, como la violencia de género y la explotación. Las mujeres cabezas de familia corren un riesgo especial.

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