No es fácil que rectifiquen los protagonistas de las complicidades con los acosadores sexuales universitarios y sus ataques a las víctimas; tienen muchas cosas que ocultar, grandes mentiras que reconocer y muy poca ética profesional y personal. Pero las instituciones de las que forman parte lo harán cuando los responsables de las mismas sean diferentes a los actuales y además ya no tengan servidumbres con ellos. 

Como ya se sabe, el catedrático acusado por más víctimas de violencia de género en la universidad (y a lo largo de más años) es JdM. ¿Qué complicidades hicieron que se mantuviera en su cargo hasta la edad límite para su jubilación y que haya podido continuar sus conductas en otra universidad (ver “El Proceso”)? ¿Qué complicidades lograron frenar, el 13 de junio del 2016, la campaña masiva contra su reincorporación a la UB? Quien era Rector en ese momento reconoció ser amigo de JdM incluso a la prensa (ver “El País”), algo que por otro lado muchísimas personas sabían. También eran conocidas otras de sus relaciones en la parte alta de la estructura de la UB, sin las cuales no se entendería que hubiera podido mantener esas conductas durante treinta años y que los ataques institucionales fueran contra sus víctimas.

Ese mismo Rector (que no es el actual), a requerimientos legales del CREA para que se le informara del supuesto informe que la UB había hecho sobre sus actividades, emitió una resolución afirmando que no había habido ningún informe. Los diferentes miembros del pequeño grupo de periodistas que el mismo 13 de junio del 2016 atacaron a las víctimas de JdM, dijeron que sus informaciones provenían de las más altas instancias de la UB. EB afirma reiteradamente en sus artículos que la UB le ha dicho que la Fiscalía pidió que se cambiaran los comportamientos del CREA, pero al mismo tiempo afirma que la Fiscalía nunca ha investigado al CREA, siendo esta una de las únicas verdades que dice sobre el tema. Efectivamente jamás la Fiscalía ha investigado a este centro ni ha visto necesario pedirle ninguna información a pesar de la cantidad de mentiras que los acosadores sexuales universitarios han lanzado continuamente.

¿Cómo se puede afirmar en un diario que la Fiscalía ha pedido que este centro cambie sus comportamientos sin haberlo investigado ni haberle pedido ninguna información? Si este periodista nos hubiera consultado a las víctimas, aunque fuera solo 10 minutos, sabría que quien pidió cambios al CREA fue el equipo rectoral y no la Fiscalía. Pero el citado pequeño grupo de periodistas no querían saber ni decir la verdad, no contrastaron nada con las víctimas, se limitaron a presentar como ciertas las mentiras fabricadas por los acosadores de quienes se habla en los artículos de Omertá 6 a Omertá 10.  Con una breve consulta a las víctimas también sabría que los cambios que el Rector de aquel momento pidió al CREA no son los que él dice reiteradamente en sus artículos, sino otros muy diferentes: mencionamos ahora uno de ellos y hablaremos de otros posteriormente en esta serie Omertá. El más importante y significativo fue la anulación del código ético que había sido aprobado por la UB en 1995 sin ningún problema, pero que se convirtió en muy problemático para los acosadores cuando se añadió un punto que establecía la solidaridad con las víctimas de la violencia de género en la universidad.

Nos han hecho sufrir muchísimo a las víctimas con el denominado acoso sexual de segundo orden, pero no nos han callado ni nos callarán y, además del apoyo internacional que hemos tenido siempre, también tenemos ahora el creciente apoyo de la inmensa mayoría de la profesión periodística que está actuando con profesionalidad y no sexismo, que no apoya a los acosadores sino a las víctimas, que no difunde mentiras, sino verdades contrastadas y comprobables.

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