Seguimos con la serie de artículos «Periodismo Valiente» con una investigación periodística que logró el reconocimiento del Pulitzer 2016, su impacto social fue clave contribuyó a liberar a más de 2.000 personas sometidas a esclavitud laboral en la industria pesquera. Las periodistas Carroll, McDowell, Htusan y Mendoza antepusieron la seguridad de las personas en situación de esclavitud que el interés de publicar rápidamente.
En marzo de 2015, Associated Press publicó una investigación que logró conectar las condiciones de esclavitud sufridas por trabajadores de la industria pesquera del Sudeste Asiático con cadenas internacionales de suministro que llegaban hasta Estados Unidos. El trabajo de Robin McDowell, Margie Mason, Martha Mendoza y Esther Htusan combinó testimonios y observación directa con documentación comercial, seguimiento físico de mercancías y tecnología satelital.
La investigación, desarrollada durante aproximadamente 18 meses y reunida bajo el título de Seafood from Slaves, tuvo consecuencias extraordinariamente concretas: más de 2.000 personas fueron liberadas, se realizaron detenciones, se incautaron embarcaciones y se promovieron acciones institucionales y empresariales. En 2016, Associated Press recibió por este trabajo el Pulitzer Prize for Public Service.
Encontrar a las personas y seguir la cadena del pescado
La existencia de abusos laborales en determinadas áreas de la industria pesquera del Sudeste Asiático ya había sido denunciada. El reto de las periodistas de AP fue dar un paso más: localizar a personas que seguían sometidas a esas condiciones y demostrar dónde terminaba el producto obtenido con su trabajo.
La investigación llevó hasta Benjina, una remota localidad insular de Indonesia. Allí encontraron a trabajadores encerrados y a otros que llevaban años sin poder regresar a sus países. AP entrevistó a más de 40 trabajadores y ex trabajadores sometidos a la esclavitud. La incorporación de la periodista birmana Esther Htusan permitió hablar directamente con muchos de los hombres procedentes de Myanmar. Algunos entregaron a las periodistas los nombres y direcciones de sus familiares para que pudieran comunicarles que seguían vivos.
Además de sus testimonios, el equipo documentó una carga de pescado procedente de Benjina y utilizó tecnología satelital para seguir su trayecto hasta Tailandia. Allí, durante cuatro noches, las periodistas observaron y siguieron camiones que transportaban pescado hacia almacenes, fábricas y mercados. Después, cruzaron esa información con registros aduaneros estadounidenses y con bases de datos empresariales.
El primer gran reportaje de AP consiguió así establecer conexiones entre cadenas de suministro contaminadas por trabajo esclavo y distribuidores, supermercados y fabricantes de alimentos para animales en Estados Unidos.
AP mantuvo, además, una cautela fundamental: cuando las capturas de distintos proveedores se mezclaban en las plantas de procesamiento, resultaba imposible determinar dónde terminaba cada pescado en particular. La investigación no afirmó más de lo que sus evidencias permitían demostrar.
La seguridad de las personas antes que la exclusiva
Antes de publicar surgió uno de los dilemas éticos más relevantes de la investigación. Algunos de los trabajadores fotografiados y entrevistados seguían atrapados en Benjina. Hacer públicas sus identidades podía exponerlos a represalias muy graves.
Associated Press decidió esperar. Antes de publicar, proporcionó a un contacto de la International Organization for Migration (IOM) los nombres y fotografías de ocho trabajadores que podían ser identificados en el reportaje. La organización movilizó a la policía marítima indonesia y los rescató. Después del rescate AP publicó el reportaje de investigación.
La agencia explicó posteriormente la decisión ética y reconoció que suponía apartarse de la posición habitual del periodista como observador. En este caso, consideró que la posibilidad de proteger a las personas sometidas a la esclavitud justificaba la intervención. La protección tampoco se limitó a las fuentes. Las propias periodistas asumieron riesgos. Durante el trabajo en Indonesia, fueron perseguidas por personas vinculadas a una compañía pesquera, que amenazaron con embestir su embarcación.
Un impacto que puede verificarse
El primer gran reportaje apareció el 25 de marzo de 2015. Poco después, las autoridades indonesias se desplazaron hasta Benjina. El 3 de abril 2015, poco más de una semana después de la publicación, más de 300 trabajadores fueron evacuados de la isla, un rescate que Associated Press documentó directamente.
La investigación continuó y, finalmente, contribuyó a la liberación de más de 2.000 personas. También se produjeron alrededor de una docena de detenciones, se incautaron barcos valorados en millones de dólares y se impulsaron respuestas empresariales e iniciativas políticas relacionadas con la transparencia de las cadenas de suministro.
El Pulitzer Prize for Public Service de 2016 reconoció expresamente este impacto al premiar a AP por una investigación que había contribuido a liberar a unas 2.000 personas sometidas a la esclavitud, a llevar a los responsables ante la justicia y a impulsar reformas. Visibilizar la información del reportaje contribuyó a activar las respuestas institucionales en los rescates; intervinieron autoridades, fuerzas policiales y organizaciones internacionales.
Cuatro claves en su investigación periodística
Profesionalidad. Realizaron una investigación periodística profunda, combinando diversas técnicas. Señalando los límites de lo que podían demostrar. El rigor consistió tanto en obtener evidencias como en no afirmar más de lo que se podía sostener con ellas.
Humanidad. Las personas sometidas a la esclavitud no fueron tratadas únicamente como meras fuentes. Cuando publicar podía aumentar el riesgo que corrían, AP priorizó la seguridad de quienes sufrían la esclavitud. La prevención del daño pasó a formar parte del propio procedimiento periodístico por encima de cualquier tipo de ganancia.
Evidencia y accountability. La investigación no terminó al encontrar a las víctimas. Siguió los barcos, el pescado, los camiones, las empresas y los registros comerciales. De este modo pasó de documentar una injusticia a investigar las estructuras económicas y las responsabilidades que permitían su continuidad.
Impacto social verificable. Más de 2.000 personas liberadas, detenciones, embarcaciones incautadas permiten evaluar las consecuencias concretas posteriores a la publicación del reportaje.
Cuando el periodismo sí hace su función de servicio a la sociedad
Seafood from Slaves no demuestra que el periodismo pueda resolver por sí solo problemas estructurales como la trata de personas o el trabajo forzoso. Demuestra algo más preciso: que un periodismo profesional, humano y basado en evidencias puede hacer visible aquello que permanece oculto, identificar responsabilidades y proporcionar información suficientemente sólida para que las instituciones y agentes correspondientes activen las respuestas adecuadas para activar las soluciones que correspondan.
McDowell, Mason, Mendoza y Htusan investigaron durante meses para demostrar una conexión que permanecía oculta entre personas sometidas a la esclavitud en lugares remotos del Sudeste Asiático y las cadenas comerciales internacionales. Recibieron amenazas por su trabajo, pero, bajo la presión, no decidieron anteponer sus intereses de publicación inmediata a la seguridad de las personas esclavizadas que habían entrevistado, sino que priorizaron su seguridad. Y ello, facilitó que las instituciones se pudieran coordinar en la respuesta adecuada a la situación de esclavitud laboral, contribuyeron conjuntamente con los otros organismos a que más de 2.000 personas pudieran recuperar su libertad.
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