Fuente: ONU

El maltrato a las personas mayores continúa siendo una forma de violencia frecuentemente invisibilizada, un tabú que adopta diversas manifestaciones, desde la violencia física, psicológica o sexual hasta el abuso económico, el abandono, la negligencia o la vulneración de la dignidad, y suele producirse en relaciones en las que existe una expectativa de confianza. Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada seis personas mayores de 60 años ha sufrido alguna forma de abuso en el último año en entornos comunitarios. Una realidad que Naciones Unidas sitúa como una cuestión de derechos humanos que requiere sistemas capaces no solo de responder al maltrato, sino también de prevenirlo, respetando la autonomía, la independencia y la dignidad de las personas mayores. 

Además, esta violencia adquiere una dimensión específica cuando se intersecciona con ser mujer. ONU Mujeres advierte que las desigualdades vinculadas al género se acumulan a lo largo de la vida y que, al llegar a edades avanzadas, estas pueden experimentar, además de edadismo, entendido como los estereotipos, prejuicios y discriminaciones asociados a la edad, menores ingresos y recursos económicos, también desigualdades derivadas de trayectorias laborales atravesadas por los cuidados o situaciones de dependencia que pueden aumentar determinadas vulnerabilidades. A ello, pueden sumarse otras discriminaciones vinculadas, por ejemplo, a la discapacidad, al origen o a la situación económica. Esta mirada interseccional resulta fundamental también para hacer visible la violencia. ONU Mujeres señala que numerosas encuestas sobre la violencia contra las mujeres se han limitado tradicionalmente a las edades reproductivas, dejando fuera precisamente a muchas mujeres mayores. 

La buena noticia es que la evidencia disponible señala caminos prometedores para avanzar en su prevención. Por ejemplo, la OMS identifica como estrategias prometedoras el apoyo a quienes realizan tareas de cuidado, los programas de protección frente al abuso económico, los equipos multidisciplinares, las líneas de ayuda y los recursos de emergencia, junto con políticas que mejoren los estándares de atención y los programas intergeneracionales. En 2024, la organización dio un paso más al reunir 89 intervenciones prometedoras identificadas tras revisar cerca de 14.000 estudios científicos, con el objetivo de continuar diferenciando qué actuaciones pueden prevenir y responder eficazmente al abuso contra las personas mayores. No obstante, todavía es necesario fortalecer la investigación en este ámbito para identificar y visibilizar qué intervenciones están obteniendo los mejores resultados. 

La OMS sitúa, entre otras, la superación del edadismo entre las cinco prioridades internacionales para afrontar el maltrato a las personas mayores, junto con mejorar los datos, desarrollar y ampliar soluciones eficaces e incrementar los recursos destinados a ellas. Desde la prevención de la violencia de género, ONU Mujeres insiste igualmente en abordar sus causas estructurales, promover relaciones basadas en la igualdad y el respeto, fortalecer las organizaciones de mujeres y abordar las múltiples formas de discriminación que atraviesan sus vidas. Incorporar sus voces y valorar su inteligencia cultural como un activo, tal y como todavía se practica en algunas culturas, de forma que avancemos hacia sociedades en las que cumplir años no signifique perder derechos, autonomía ni posibilidades de vivir libres de violencia, sino la posibilidad de recoger y multiplicar un valioso legado social. 

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